Chile y la corrupción: ¿seremos como España?

La colusión político-económica ha mostrado tal gravedad que nuestra democracia está amenazada si no hay enmiendas.

 Las últimas encuestas muestran un desarrollo político en España que nadie podría haber imaginado hace muy pocSin-título-16-820x400o. El viejo duopolio formado por el Partido Socialista y el Partido Popular se está hundiendo ante la arremetida de Podemos, en el flanco izquierdo, y Ciudadanos, en el derecho. Según el diario El País del domingo 8 de marzo, Podemos encabeza las preferencias con 22,5% de intención de voto, superando al Partido Socialista que alcanza el 20,2%. Luego vienen, empatados, el Partido Popular y Ciudadanos, con 18,6 y 18,4% respectivamente.

Esto significa que fuerzas políticas prácticamente inexistentes hace un año -Podemos y Ciudadanos- estarían igualando o superando a los dos grandes partidos que en las elecciones de 2011 obtuvieron más del 73% de los votos y que ahora ni siquiera suman un 40%. Esta evolución representa el colapso de la clase política que ha regido a España desde la transición a la democracia a fines de los años 70.

La explicación de esta debacle no es en sí la prolongada crisis económica que ha afectado al país. Ello crea, sin duda, condiciones propicias para cambios bruscos de opinión, pero el abandono de las dirigencias tradicionales no es entendible sin su profundo desprestigio debido a una ola espectacular de escándalos de corrupción que no solo ha envuelto a socialistas y populares, sino también a las elites políticas regionales, como la catalana, así como a la Casa Real, los principales sindicatos, los grandes clubes de fútbol, poderosos empresarios y, en la práctica, a todo sector que haya tenido algún poder en la España post franquista.

Los “chorizos”, como se llama a los corruptos en España, abundan, pero no solo en las altas cumbres del poder. Se trata de una sociedad corroída de pie a cabeza por la pillería o la “picaresca” que ha llegado a una situación límite, donde votar por cualquier opción parece preferible a hacerlo por los viejos aparatos corruptos. Por cierto, el riesgo es caer del fuego en las brasas. Esto lo muestra Podemos muy claramente, un partido populista-chavista cuyos dirigentes han hecho del fraude fiscal y la plata venezolana su base de recursos para atacar a lo que, desvergonzadamente, llaman “la casta”.

Ese ataque generalizado a unas elites sociales, económicas y políticas hundidas por la indecencia de muchos de sus miembros ha servido de trampolín para el asalto al poder de demagogos autoritarios como Hitler, Mussolini, Castro, Chávez, Perón o Fujimori, para tomar solo algunos connotados ejemplos. No se trata, por cierto, de que la mayoría de quienes conforman los grupos dirigentes de la sociedad sea corrupta. No, pero basta con que las conductas abusivas se repitan a menudo para dar la impresión de que todo el sistema está preso de un cáncer que solo puede ser curado por una intervención providencial de algún iluminado que barra con todo y refunde el país.

bueno, ese es el riesgo que Chile corre hoy. La idea de la corrupción y el abuso generalizado de parte de “los poderosos” venía madurando desde ya hacía tiempo. Las elecciones del 2013 fueron sintomáticas al respecto, siendo Franco Parisi la expresión más clara y desvergonzada de ello.

Pero candidatos como Velasco y Enríquez- Ominami tocaban, sin querer de forma alguna igualarlos, la misma cuerda de descontento con “las malas prácticas” de “los poderosos de siempre”. Así, entre los candidatos que llegaron a la primera vuelta y el voto potencial de Velasco, podemos situar el porcentaje de “voto protesta” contra el establishment en una tercera parte del electorado. Pues bien, con esta chicha nos vamos a curar si no se produce un cambio radical aquí y ahora de parte de todos los grupos de poder. Basta de silencios y complicidades. El murmullo ya no basta.

La colusión político- económica ha mostrado tal gravedad que nuestra democracia está amenazada si se deja pasar esta oportunidad de enmendar. El problema en estos casos es que la red de corruptelas y complicidades acostumbra a ser tan amplia que la reacción frente a ella se hace insuficiente o se queda en las puras palabras. Se sacrifican por cierto algunas cabezas de turco, que bien se lo merecen, pero la movilización del establishment es más para contener y tapar que para abrir y limpiar.

A este respecto, la Presidenta tiene un deber fundamental. Ella simboliza la República y lo ocurrido con su hijo la mancha a ella y a la República, cualquiera que haya sido su nivel de conocimiento o participación en el asunto. Por ello fue tan lamentable que, después de semanas recluida en su casa de veraneo, solo haya atinado a pronunciar unas cuantas frases que nadie sabe para qué sirven ni qué significan realmente. Pero la responsabilidad no es menor por el otro lado.

El hundimiento de la UDI como partido es, probablemente, irreparable, lo que es lamentable para las ideas que representa que, sin ser las mías, son absolutamente relevantes en un sistema de diversidad democrática. Y los empresarios, que estaban ya antes bajo fuerte sospecha, han dado, con su silencio corporativo, un espectáculo no menos bochornoso. Y aquí estamos.

Esperando que salte a la arena el demagogo populista que coseche los frutos de esta siembra lamentable. Ya hay algunos candidatos a ello, pero me temo que el futuro nos deparará sorpresas aún más desagradables si esto sigue así. La España actual será entonces la imagen de nuestro futuro y Chile habrá dilapidado su principal capital histórico, que eran su solidez y decencia institucional.

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