Proceso constituyente y populismo constitucional

Se trata de un montaje político indigno de un país serio que puede terminar desvirtuando el sentido mismo de nuestra democracia.

Por Mauricio Rojas. PULSO. 4/12/2015.

Con el inicio del “proceso constituyente” Chile ha entrado de lleno en la senda del populismo constitucional. Se trata de un montaje político indigno de un país serio que puede terminar desvirtuando el sentido mismo de nuestra democracia.

Lo que ante todo cabe señalar es que lo único que importa de este proceso es su primera fase, que se extenderá hasta el cierre del mandato de Michelle Bachelet. Esta es la única fase que con seguridad se realizará ya que todo lo demás dependerá de un nuevo Presidente y un nuevo Congreso que pueden descartar todo lo obrado por la mandataria actual.

Ahora bien, en esta primera fase se nos invita a participar en un insólito procedimiento de carácter extra constitucional, que encierra todos los rasgos constitutivos del populismo. El núcleo de esta fase es la formación de “cabildos ciudadanos” que funcionarán, nadie sabe cómo, entre marzo y octubre del próximo año. Estos cabildos tendrán como punto de partida lo que el ministro responsable del proceso, Nicolás Eyzaguirre, ha definido como “una hoja en blanco” donde “la gente” expresará sus sueños sobre el Chile futuro e “imaginará” la Constitución que quiere.

Cito sus ilustrativas palabras: “Lo que queremos es que por lo menos el sentido, la intuición de cuál es el país que queremos construir, venga desde la gente (…) En los cabildos vamos a invitar a la gente a que imagine la Constitución que quiere. En ese sentido, es a partir de una hoja en blanco” (La Tercera, 25/10/2015).

Esto es algo sin paralelos por su falta de seriedad. Se abre un proceso de formas indefinidas y a costo cero, es decir, sin siquiera tener que formular propuesta alguna sobre el contenido de la nueva Constitución evitando así todo debate sobre el fondo del asunto. Todo queda confiado a la imaginación de la gente, como si crear constituciones fuese una sesión de psicoterapia en la que nos pondrán en el diván de los cabildos ciudadanos y nos pedirán, como lo haría un Freud, que digamos lo primero que se nos ocurra y expresemos “libremente” nuestros deseos. Se trata, simplemente, de una invitación a un “soñar no cuesta nada” en el cual se nos quiere embarcar para que olvidemos lo que realmente afecta a los chilenos de hoy, es decir, una pésima gestión gubernamental.

Ahora bien, no hay que tomarse muy en serio esto de la “imaginación” e “intuición” de la gente ya que habrá una fase previa de educación cívica en la que se nos enseñará a pensar correctamente en materias constitucionales. Cito al respecto la infografía presentada por el Gobierno el 13 de octubre: “Comenzaremos este proceso con una etapa de formación ciudadana para que todos y todas podamos conversar sobre la Nueva Constitución que queremos compartiendo los mismos conceptos.”

Se trata de una declaración preocupante ya que implica la existencia de algún tipo de comité, del cual nada se conoce, abocado a la insólita tarea de establecer el sentido unívoco de conceptos cuya definición es altamente debatida en el ámbito de la ciencia política. Debe ser por ello que se planea contratar a más de doscientos asesores que, antes de salir a educar a la gente, intentarán establecer la definición correcta de los conceptos que deberemos usar en unos “diálogos ciudadanos” que, al mismo tiempo, pretenden ser abiertos y respetuosos de la diversidad de opiniones.

Dejando de lado este momento digno de la novela 1984 de George Orwell, démosle una mirada a los cabildos ciudadanos. La verdad es que sobre estas entelequias nadie sabe nada, excepto que serán el escenario de la expresión de aquella “intuición ciudadana” que mágicamente llenará de contenido la hoja en blanco del gobierno. De ello surgirá, nadie sabe cómo, un documento titulado de Bases Ciudadanas para la Nueva Constitución.

Todo esto no es, evidentemente, más que una trampa cazabobos de la que debemos cuidarnos. Bien se entiende que en los cabildos ciudadanos no se expresará la voluntad de “la gente”, sino de los activistas movilizados por los agentes gubernamentales. Así se fabricará una “voluntad popular” que luego servirá para legitimar la voz del poder. Tal como lo ha dicho el ministro Eyzaguirre, finalmente, “la Presidenta va a tomar todo eso y va a presentar una nueva Constitución que la va a discutir el próximo Congreso” (La Tercera, 25/10/2015).

Aquí está el verdadero meollo del asunto, la clave dramatúrgica típica del populismo: el pueblo se “expresa” y luego el líder, haciendo suyo el “sentir ciudadano”, formula su propuesta “a nombre del pueblo”. Esta supuesta relación directa entre líder y pueblo es la forma clásica de construir un poder personalista, propia de los caudillos populistas, que se atribuye una voluntad superior que estaría por sobre las instituciones representativas.

Este es el gran peligro del mecanismo extra institucional diseñado por el gobierno. En este sentido, es irrelevante lo que se prometa acerca de la continuación legal del proceso ya que su finalidad es la creación de un hecho político que, de facto, le abre las puertas a una forma populista de desvirtuar y abusar de la democracia.

Por ello es que se debe rechazar de plano cualquier invitación a tomar parte en el así denominado proceso constituyente. No existe ningún motivo serio para legitimar semejante invento extra constitucional, y sí muchas razones para denunciarlo como lo que es: un intento de desviar nuestra atención e introducir el populismo constitucional en Chile. 

*El autor es Senior Fellow de la Fundación para el Progreso (FPP).

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