NOVEDAD LIBRO

“La historia se escribe hacia adelante”, sobre el gobierno de Piñera, hace un análisis de su administración.

 CmO4P-GWEAAHDJ-Hay dos características que permiten sumar lo que fue su gobierno: realizador e innovador. Lo primero se refiere no sólo al cumplimiento de las ambiciosas metas de su programa sino también al tremendo esfuerzo que representó la reconstrucción del país después del 27F. Una de las cosas que más sorprende de su gobierno es justamente la decisión de asumir esa tarea sin renunciar a ninguna de sus metas programáticas. Estos logros están muy relacionados con la segunda característica que mencioné, es decir, un estilo o forma de gobernar que constituyó una significativa innovación. 

Entrevista completa al autor aquí: http://fw.to/kEvS2a

 

Vídeo: La vía chilena al colapso de la democracia: 1964 – 1973

 

– En el año 1971 el partido socialista chileno pasa a descartar la vía democrática al socialismo…
– Allende fue candidato de un partido (socialista) que no lo quiere y que lo va a querer cada vez menos… Min.:48:37
– Hoy en Chile, al parecer, estamos entrando en un nuevo período de disenso, de ruptura de los consensos…

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Por Mauricio Rojas. Atria es una figura emblemática de quienes sueñan con un cambio revolucionario y proponen el uso tramposo de la legalidad para lograrlo. Opinión | 05:00 hrs
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Fernando Atria se ha convertido en una de las figuras más destacadas de las corrientes radicales de socialismo chileno que sueñan con la refundación revolucionaria del país y que, para lograrlo, no reparan en proponer el uso mañoso de la legalidad vigente. Su objetivo es lograr que se convoque a una asamblea constituyente a fin de poder crear, mediante una nueva Constitución, un modelo de sociedad que supere “la democracia formal”, rompa con los pilares del desarrollo chileno de las últimas décadas y abra las puertas a la búsqueda de “una sociedad donde la riqueza, la democracia y la cultura sean socializadas”, como dice el Manifiesto de la Izquierda Socialista (diciembre 2015), la “corriente de opinión” del Partido Socialista de la que Atria es figura emblemática.

Lo que le ha conferido a Atria su destacada posición político-intelectual es, sobre todo, la claridad y determinación con que ha propugnado la necesidad de burlar la institucionalidad vigente para lograr la refundación constitucional del país. A su juicio, estamos frente a una institucionalidad “tramposa” que impide, mediante “los vetos de la minoría”, todo cambio verdaderamente profundo. Por ello, concluye que “si una reforma es capaz de pasar a través de las normas actualmente vigentes, esa es garantía de que esa reforma no soluciona nada” (El Mostrador, 23.4.2013).

Este diagnóstico es parte de la entrevista en que Atria plasmó su frase más célebre: “El problema constitucional chileno es algo que tendrá que resolverse por las buenas o por las malas”. Palabras que aclaró diciendo: “el tema es que como no se pueden usar los mecanismos institucionales, hay que usar otras vías”.

En suma, como “por las buenas” no es posible crear a una Constitución genuinamente nueva habrá que hacerlo “por las malas”, es decir, haciéndole trampa a la “institucionalidad tramposa” en vigor y actuando de una forma que se salga de su radio de acción pero sin caer en una abierta ilegalidad. En su libro La constitución tramposa (octubre 2013) graficó este camino hablando de “volar bajo el radar del derecho”, es decir, en una zona gris entre legalidad e ilegalidad. En ese mismo libro, Atria dio varios ejemplos ilustrativos al respecto.

El más connotado de ellos es la propuesta de convocar un plebiscito sobre una asamblea constituyente por medio de un decreto presidencial que claramente contravendría lo estipulado por la Constitución. Según Atria, esta violación de la legalidad debería ser declarada por el Tribunal Constitucional, pero para que ese organismo intervenga se requeriría de una petición del Senado o de la Cámara de Diputados. Por tanto, comenta Atria, “si el Presidente de la República convocara a un referéndum sobre la necesidad de una nueva constitución y la conveniencia de una asamblea constituyente, y si esa convocatoria contara con el respaldo de la mayoría de ambas cámaras (…) ni el Tribunal Constitucional ni ningún otro órgano tendría competencia para pronunciarse sobre la constitucionalidad de ese llamado a plebiscito. No existiendo órgano competente para declarar nula esa convocatoria, ella sería perfectamente válida.”

Se trata, como Andrés Allamand dijo, de un simple “fraude a la Constitución”. Otra propuesta fraudulenta es la convocatoria subrepticia a una asamblea constituyente que se financiaría con los recursos extraordinarios previstos por el artículo 32 de la Constitución “para necesidades impostergables, derivadas de calamidades públicas, de agresión exterior, de conmoción interna, de grave daño o peligro para la seguridad nacional”. Su argumentación al respecto deja en claro cuán lejos está Atria dispuesto a ir en su interpretación mañosa de los textos legales: “bastaría que el Presidente de la República, con la firma de todos sus ministros, declare que el hecho de que el pueblo se haya manifestado consistentemente rechazando las leyes constitucionales de Pinochet y demandado una nueva decisión constitucional, pero que de hecho siga viviendo bajo esas leyes constitucionales, constituye un estado de ‘calamidad pública’ o ‘de conmoción interna’”.

Pero la creatividad constitucional de Fernando Atria parece ser inagotable. Con posterioridad ha propuesto saltarse el quórum de dos tercios de ambas cámaras del Congreso, que el Capítulo XV de la Constitución exige para su reforma integral, modificando los artículos referentes a la convocatoria de plebiscitos (el 15 o el 32), para lo que sólo se requiere un quórum de tres quintos, abriéndole así paso, dada la actual correlación de fuerzas parlamentarias, a su tan ansiado “plebiscito constitucional”.

Esto es lo que el ministro del Interior, Jorge Burgos, calificó de “atajo raro” y es la base del proyecto de reforma constitucional presentado por una treintena de diputados de la “Bancada

Transversal por la Asamblea Constituyente”. Se trata, como bien dice el constitucionalista Francisco Zúñiga en La potestad constituyente y la nueva Constitución (2015), de un intento de instaurar una “democracia plebiscitaria”, donde la mayoría del Congreso puede convertirse “en cómplice de una política destinada a aplastar irregularmente a la minoría política”.

En suma, estamos en presencia de una forma de relacionarse con la legalidad inédita desde los tristes tiempos en que Chile se encaminó hacia el colapso de su convivencia cívica y, por ende, de su democracia. Fernando Atria y sus camaradas son ecos de un pasado que ojalá nunca vuelva a repetirse.

*El autor es Senior Fellow de la Fundación para el Progreso.

Se trata de un montaje político indigno de un país serio que puede terminar desvirtuando el sentido mismo de nuestra democracia.

Por Mauricio Rojas. PULSO. 4/12/2015.

Con el inicio del “proceso constituyente” Chile ha entrado de lleno en la senda del populismo constitucional. Se trata de un montaje político indigno de un país serio que puede terminar desvirtuando el sentido mismo de nuestra democracia.

Lo que ante todo cabe señalar es que lo único que importa de este proceso es su primera fase, que se extenderá hasta el cierre del mandato de Michelle Bachelet. Esta es la única fase que con seguridad se realizará ya que todo lo demás dependerá de un nuevo Presidente y un nuevo Congreso que pueden descartar todo lo obrado por la mandataria actual.

Ahora bien, en esta primera fase se nos invita a participar en un insólito procedimiento de carácter extra constitucional, que encierra todos los rasgos constitutivos del populismo. El núcleo de esta fase es la formación de “cabildos ciudadanos” que funcionarán, nadie sabe cómo, entre marzo y octubre del próximo año. Estos cabildos tendrán como punto de partida lo que el ministro responsable del proceso, Nicolás Eyzaguirre, ha definido como “una hoja en blanco” donde “la gente” expresará sus sueños sobre el Chile futuro e “imaginará” la Constitución que quiere.

Cito sus ilustrativas palabras: “Lo que queremos es que por lo menos el sentido, la intuición de cuál es el país que queremos construir, venga desde la gente (…) En los cabildos vamos a invitar a la gente a que imagine la Constitución que quiere. En ese sentido, es a partir de una hoja en blanco” (La Tercera, 25/10/2015).

Esto es algo sin paralelos por su falta de seriedad. Se abre un proceso de formas indefinidas y a costo cero, es decir, sin siquiera tener que formular propuesta alguna sobre el contenido de la nueva Constitución evitando así todo debate sobre el fondo del asunto. Todo queda confiado a la imaginación de la gente, como si crear constituciones fuese una sesión de psicoterapia en la que nos pondrán en el diván de los cabildos ciudadanos y nos pedirán, como lo haría un Freud, que digamos lo primero que se nos ocurra y expresemos “libremente” nuestros deseos. Se trata, simplemente, de una invitación a un “soñar no cuesta nada” en el cual se nos quiere embarcar para que olvidemos lo que realmente afecta a los chilenos de hoy, es decir, una pésima gestión gubernamental.

Ahora bien, no hay que tomarse muy en serio esto de la “imaginación” e “intuición” de la gente ya que habrá una fase previa de educación cívica en la que se nos enseñará a pensar correctamente en materias constitucionales. Cito al respecto la infografía presentada por el Gobierno el 13 de octubre: “Comenzaremos este proceso con una etapa de formación ciudadana para que todos y todas podamos conversar sobre la Nueva Constitución que queremos compartiendo los mismos conceptos.”

Se trata de una declaración preocupante ya que implica la existencia de algún tipo de comité, del cual nada se conoce, abocado a la insólita tarea de establecer el sentido unívoco de conceptos cuya definición es altamente debatida en el ámbito de la ciencia política. Debe ser por ello que se planea contratar a más de doscientos asesores que, antes de salir a educar a la gente, intentarán establecer la definición correcta de los conceptos que deberemos usar en unos “diálogos ciudadanos” que, al mismo tiempo, pretenden ser abiertos y respetuosos de la diversidad de opiniones.

Dejando de lado este momento digno de la novela 1984 de George Orwell, démosle una mirada a los cabildos ciudadanos. La verdad es que sobre estas entelequias nadie sabe nada, excepto que serán el escenario de la expresión de aquella “intuición ciudadana” que mágicamente llenará de contenido la hoja en blanco del gobierno. De ello surgirá, nadie sabe cómo, un documento titulado de Bases Ciudadanas para la Nueva Constitución.

Todo esto no es, evidentemente, más que una trampa cazabobos de la que debemos cuidarnos. Bien se entiende que en los cabildos ciudadanos no se expresará la voluntad de “la gente”, sino de los activistas movilizados por los agentes gubernamentales. Así se fabricará una “voluntad popular” que luego servirá para legitimar la voz del poder. Tal como lo ha dicho el ministro Eyzaguirre, finalmente, “la Presidenta va a tomar todo eso y va a presentar una nueva Constitución que la va a discutir el próximo Congreso” (La Tercera, 25/10/2015).

Aquí está el verdadero meollo del asunto, la clave dramatúrgica típica del populismo: el pueblo se “expresa” y luego el líder, haciendo suyo el “sentir ciudadano”, formula su propuesta “a nombre del pueblo”. Esta supuesta relación directa entre líder y pueblo es la forma clásica de construir un poder personalista, propia de los caudillos populistas, que se atribuye una voluntad superior que estaría por sobre las instituciones representativas.

Este es el gran peligro del mecanismo extra institucional diseñado por el gobierno. En este sentido, es irrelevante lo que se prometa acerca de la continuación legal del proceso ya que su finalidad es la creación de un hecho político que, de facto, le abre las puertas a una forma populista de desvirtuar y abusar de la democracia.

Por ello es que se debe rechazar de plano cualquier invitación a tomar parte en el así denominado proceso constituyente. No existe ningún motivo serio para legitimar semejante invento extra constitucional, y sí muchas razones para denunciarlo como lo que es: un intento de desviar nuestra atención e introducir el populismo constitucional en Chile. 

*El autor es Senior Fellow de la Fundación para el Progreso (FPP).

Por Mauricio Rojas. El libro escrito con Roberto Ampuero es una conversación sobre el difícil viaje de la utopía comunista a las ideas de la libertad. Opinión | 05:00 h

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En estos días se lanzará “Diálogo de conversos”, libro que he escrito junto con Roberto Ampuero. Es el fruto de una larga conversación que sostuvimos en diciembre del año pasado en el refugio de Roberto en Olmué. Allí, a la vista del cerro La Campana y bajo un acogedor parrón, nos pusimos a escudriñar en nuestras vidas errantes. Era la primera vez que lo hacíamos ya que solo nos habíamos conocido recientemente, si bien ambos sabíamos, por lecturas y amigos comunes, de nuestros viajes paralelos que nos habían llevado a tierras lejanas y a dejar atrás el entusiasmo revolucionario de “nuestros años verde olivo”.

A ambos nos movía una necesidad vital de confrontar, comparar, aprender. El viaje de la utopía comunista a las ideas de la libertad no es fácil ni indoloro. Si partir es siempre morir un poco, dejar el ensueño mesiánico de poder construir el paraíso en la Tierra lo es mucho más. Es romper lazos, quebrantar lealtades y, sobre todo, enfrentarse con uno mismo, bajarse del pedestal de pequeño dios redentor para reducirse a la simple condición de ser humano y poder decir: estaba equivocado y fui culpable, me embriagué con la misma bebida que ha llevado a tantos a cometer los crímenes más atroces tratando de crear un mundo y un hombre nuevos. De ese viaje desgarrador teníamos que hablar, y también de otros viajes, por el amor y el desamor, por el desarraigo y la lucha del inmigrante por conquistar una nueva patria, por la distancia, el olvido y el reencuentro con la patria primera, este Chile al que finalmente volvemos como Ulises a Itaca.

La conversación quedó grabada y luego, a la distancia, la fuimos profundizando y puliendo hasta convertirla en el libro que ahora presentamos. Del camino que así hemos recorrido recojo algunas cosas. Primero la circunstancia que le dio su contexto y actualidad al hecho de recordar: un país, nuestro país, que vive un momento de desconcierto frente a su propio progreso y que de pronto vuelve a sentir síntomas de una dolencia grave que ya vivió en el pasado no muy lejano, ese de nuestra juventud militante, cuando pusimos nuestro granito de arena para que Chile se desbarrancara por la pendiente del odio y la lucha fratricida.

Lo segundo es que nuestro diálogo de conversos fue motivado no solo por un deber de recordar, sino también de reparar o, mejor dicho, de reparar recordando. Nuestro diálogo es al mismo tiempo un mea culpa, una confesión, un no eludir, como tantos otros, el bulto de la propia responsabilidad por la destrucción de la vieja democracia chilena. Pero hay algo más. Aún nos sentimos con fuerzas como para no limitarnos a recordar sino también para participar, para reparar siendo parte de esta búsqueda de un futuro mejor en la que está envuelto nuestro país.

No nos juntamos en el apacible Olmué para aislarnos del mundo sino para acercarnos a él con más fuerza y, así esperamos al menos, con algunos pensamientos mejor ordenados.

La tercera cosa que quiero rescatar, y que aún me sorprende, es la coincidencia o, mejor dicho, la confluencia de nuestros viajes y de los aprendizajes que fuimos realizando durante ellos. En especial respecto de la filosofía de vida y, no menos, de nuestra forma de ser liberales, que nos emparenta con gente como Isaiah Berlin, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa. Nuestro liberalismo es más un temple y una disposición de ánimo que una ideología, se trata de unos principios básicos sobre la buena vida, la que nos permite florecer y dejar florecer a otros, y no de un edificio terminado. Lo que defendemos es una cultura de la tolerancia y la libertad, no una serie de dogmas económicos ni fobias infantiles. En fin, no aspiramos ni queremos ser oráculos de la verdad revelada sino, como Sócrates, tábanos que con su aguijón crítico quieren mantener advertida a nuestra sociedad del peligro de dejarse embelesar por los demagogos y los vendedores de ilusiones.

Finalmente está nuestra decepción del socialismo, ya sea en su versión totalitaria o socialdemócrata. Roberto vivió en el monstruo totalitario y le conoció bien las entrañas. No solo se hartó de su falta de libertad, sino que vio de cerca lo que es un Estado omnipotente, del cual depende el acceso a las cosas más cotidianas e imprescindibles, como el trabajo, la comida o la vivienda. Por mi parte, conocí la versión suave y democrática del socialismo en Suecia, país que es considerado su arquetipo. Sin duda que la diferencia es abismal comparando con el totalitarismo comunista que Roberto vivió en Cuba o en la República Democrática Alemana, pero aun así compartía aquel núcleo que hace del socialismo lo que siempre es: un afán de dirigir nuestras vidas e inmiscuirse en las decisiones más íntimas del ser humano. Lo hacía con la mejor intención de “arreglarle la vida” a la gente, como se decía en Suecia, pero su consecuencia era la indefensión del ciudadano frente a ese enorme Estado de bienestar que terminaba asfixiándolo de tanto cariño que le prodigaba. Pero hay algo más en lo que coincidimos: desencantarse del socialismo no es volverse indiferente frente a las injusticias y la falta de oportunidades de tantos, ya que la libertad que queremos es para todos y no solo para nosotros o unos pocos privilegiados.

Sobre todo esto y mucho más dialogamos y seguimos dialogando. Lo que empezó como un diálogo de conversos es hoy un diálogo de amigos que solo espera una nueva oportunidad para recomenzar.

*El autor es senior fellow de la Fundación para el Progreso (FPP) – (@MauricioRojasmr).

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En Chile hace falta,una izquierda moderada que no sea estatista ni anticapitalista y una derecha más protectora y social.

descarga (1)Chile ha entrado en una fase de gran inestabilidad política que contrasta fuertemente con la estabilidad del período posdictadura. La inestabilidad política es un reflejo característico de la ruptura de los consensos básicos que ordenan una sociedad, lo que habitualmente se produce como resultado de importantes cambios sociales que hacen obsoleto el consenso preexistente.

Podemos hablar, recurriendo a una célebre metáfora de Marx, de un desfase entre la base social y la superestructura política que se plasma en una incapacidad de las instituciones y la clase política existentes para canalizar las aspiraciones y demandas sociales. Así se entra en un período convulso con consecuencias decisivas para el futuro. Esta es la situación en que se encuentra el Chile de hoy.

Mirando las experiencias históricas, las fases de conmoción y falta de consensos se pueden resolver ya sea por la profundización del disenso o por la formación de un nuevo consenso, lo que requiere del surgimiento de una propuesta hegemónica capaz de restablecer la unidad nacional perdida. En la historia chilena se dan ambos casos.

La década de los 60 fue testigo de las fuertes convulsiones que reflejaron la quiebra del “consenso desarrollista” instaurado en los años 30 en torno a una economía cada vez más protegida y una fuerte presencia estatal. Los conflictos que entonces surgieron no se resolvieron mediante un nuevo consenso, sino por la profundización extrema del disenso y la instauración de la idea del cambio total o revolución (“en libertad” o marxista). Finalmente, la situación se zanjó por la fuerza, es decir, por la instauración de una dictadura militar que cimentaría por largo tiempo la división del país.

La experiencia contraria es la que permitió reinstaurar la democracia en los años 90. La alternativa que en este caso primó no fue la discontinuidad radical sino la continuidad reformista, basada en la conservación del modelo de economía abierta creado bajo la dictadura combinado con una serie de reformas sociales y políticas. Este fue el consenso concertacionista, hegemonizado por una centroizquierda que supo aprender de la experiencia del Chile anterior al golpe y apostó decididamente por los acuerdos y los consensos.

Chile entró así en el período más exitoso de su historia y se transformó de una manera tan profunda que, en un par de décadas, dejó obsoleto el consenso concertacionista. Primero vino la crisis de la Concertación y la derrota de Frei, luego la explosión contestataria de 2011 y el fuerte reflujo electoral de la centroderecha en 2013 para, finalmente, desembocar en una crisis política generalizada en la medida en que la figura providencial de Bachelet se estrellaba con su propia incompetencia y diversos escándalos minaban decisivamente la confianza en la clase política del país.

Estamos, por ello, en el momento de la confusión y la incertidumbre. No hay proyectos comunes ni consensos que nos unan, sino solo un país cada vez más desencantado y cansado de “la política”. Tampoco se avizoran propuestas con capacidad hegemónica, es decir, de convocar la voluntad mayoritaria en torno a un proyecto de futuro común.

No se trata simplemente de encontrar un presidenciable. Eso no resolverá, ni de cerca, el problema de falta de hegemonía, es decir, de proyecto compartido de futuro, que es lo que de verdad nos pena. Para ello, se requiere lo que Hegel, el gran filósofo alemán, hubiese llamado una voluntad de síntesis, o sea, de dejar de ser una pura antítesis del contendor para pasar a incluirlo en un proyecto que, por su amplitud, sea capaz de superar los antagonismos existentes.

Desde la izquierda ese movimiento dialéctico requeriría deslindarse tajantemente de su ala refundacional y condenar claramente todo violentismo así como los chantajes sindicales. Junto con ello, debería distanciarse del monopolismo estatal para apostar por una solidaridad social basada en el pluralismo y el empoderamiento ciudadano. En ambos sentidos podría aprender mucho de la socialdemocracia sueca, que en la década de los 30 estableció su larga hegemonía política enfrentando, sin ambigüedad, la agitación comunista y el uso irresponsable de la fuerza sindical. Además, llegó a un acuerdo histórico con los empresarios, que marcó su abandono definitivo de la retórica socialista refundacional. Finalmente, a partir de la década de los 90, aceptó plenamente la colaboración público-privada dentro del marco del Estado de bienestar.

Desde la derecha, una posible marcha hacia la hegemonía debería pasar por dos compromisos básicos. Por una parte, un férreo compromiso por disciplinar al capitalismo, es decir, combatir el abuso e incrementar el resguardo efectivo tanto de los trabajadores como de los consumidores. Por otra parte, un compromiso profundo con lograr una verdadera igualdad básica de oportunidades, o sea, garantizar el acceso universal a una educación y una salud así como a una infraestructura y una seguridad ciudadana que les den a todos los chilenos una posibilidad real de realizar sus potencialidades. En suma, una izquierda moderada que no sea estatista ni anticapitalista y una derecha más protectora y social. Esas son las alternativas que podrían superar el desencanto de nuestro momento actual. Ambas requieren de lideratos audaces así como de una clara voluntad de superar las contradicciones de una manera hegeliana, es decir, uniendo y sumando.

*El autor es senior fellow de la Fundación para el Progreso (FPP) – (@MauricioRojasmr).

Chile, 8 de octubre. EL LÍbero- Mauricio Rojas

Hace tres años publiqué mi libro Argentina: Breve historia de un largo fracaso (Buenos Aires: Temas) en el que daba un panorama general de la historia argentina tratando de explicar sus reiterados fracasos para realizar aquel potencial de riqueza y bienestar que una pródiga naturaleza parecía asegurarle. Nada esencial ha cambiado desde entonces, sino por el contrario. Para seguir leyendo pulse aquí

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DIÁLOGO DE CONVERSOS…

En este libro Roberto Ampuero y Mauricio Rojas conversan en torno a su evolución política desde la izquierda marxista de los años sesenta a las ideas liberales que hoy profesan.
Diapositiva1Ambos soñaron con la revolución comunista en los tiempos de Salvador Allende y salieron al exilio tras el golpe de Estado de 1973, donde se decepcionaron profundamente de la materialización de la utopía por la que luchaban. Le vieron de cerca el rostro al socialismo, ya sea totalitario o socialdemócrata, y no les gustó. Pero su largo viaje por tierras lejanas no solo cambió sus ideales políticos sino también a ellos como personas y les permitió mirar a Chile con nuevos ojos.

ENTREVISTA EN EL LÍBERO

– La percepción que tengo de MEO es que es una persona capaz de usar cualquier medio para alcanzar sus fines..
– Hay que decir muy tajantemente, que el MIR tuvo una responsabilidad tremenda en lo que pasó en Chile.
– El MIR pasó a la lucha armada en plena democracia,en 1969.Después se cuenta el cuento de que era un movimiento pacífico.
– Marco Enríquez debe estar revolcándose en su tumba cuando, su hijo MEO dice que su padre nunca predicó la violencia, que  era un demócrata.

LA ENTREVISTA COMPLETA, AQUÍ  http://ellibero.cl/actualidad/ex-mirista-mauricio-rojas-me-o-cuenta-un-cuento-que-me-parece-una-falta-de-respeto-con-la-figura-de-su-padre/

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En Santa Cruz en @fppchile @CatoInstitute
Conversatorio experiencia de vida de @MauricioRojasmr y @robertoampuero

  • “La voluntad de hacer el bien, puede terminar creando un infierno en la tierra”
  • “Entramos dispuestos a morir y a matar”
  • “Para el marxismo cualquier medio se justifica cuando es bueno para la revolución”
  • “La moral revolucionaria solo tiene un principio. Lo que es bueno para la revolución siempre es bueno. Aún con medios más repugnantes”
  • “Para mi las ideas de libertad son precisamente una barrera contra el totalitarismo y la intolerancia.”
  • “Una ideología que proponía las cosas “más maravillosas” de pronto nos convertía en miembros de una causa genocida”

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La mayoría quería inclusión en el modelo, pero no su destrucción. De ahí deriva el error clave de diagnóstico de la Nueva Mayoría. Opinión | 05:00 hrs 

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Eugenio Tironi comparte una serie de puntos de vista de alto interés en su columna de El Mercurio del 28 de julio. Su punto de partida es la debacle del Gobierno de Michelle Bachelet. Su juicio al respecto es lapidario: “Al menos desde el retorno de la democracia, jamás un proyecto de gobierno se desplomó de una manera más brutal, y por causas estrictamente endógenas”.

Así es, pero Tironi advierte también del riesgo de interpretar a la ligera lo ocurrido. A su parecer, no se trata simplemente del fracaso de “una banda de timadores ante quienes nos entregamos como niños”. El éxito de los “timadores” de la Nueva Mayoría se basó en una predisposición a ser timados de parte de muchísimos chilenos. Y esto es lo que hay que entender ya que de otra manera, como apunta Tironi, “volveremos a tropezar en la misma piedra”.

O peor aún. Existe el riesgo de que la próxima piedra sea mucho más dañina que la anterior. El desprestigio generalizado de la clase política chilena conlleva el riesgo evidente de que sea un populista descarado quien capitalice el descontento imperante. Chile, como subraya Tironi, ha efectivamente cambiado y solo entendiendo ese cambio se puede elaborar una visión de futuro que le cierre las puertas a una aventura populista.

Los cambios son el resultado de la larga fase de gran crecimiento económico iniciada ya bajo la dictadura y consolidada durante los gobiernos de la Concertación. La “objetividad” chilena cambió de manera sustancial al triplicarse el ingreso per cápita, dando paso al rápido retroceso de la pobreza, el surgimiento de amplias clases medias y un enorme salto educacional expresado en la masificación de la educación superior. Ello fue de la mano con una verdadera revolución de las expectativas que generó una especie de “malestar del éxito” muy perceptible ya a fines del decenio pasado. La perspectiva imperante se desplazó del vaso medio lleno al medio vacío, de celebrar lo logrado a ansiar todo aquello que faltaba por lograr, de las virtudes del camino recorrido a sus deficiencias.

Surgió así una “subjetividad” descontenta y exigente que encontró su expresión más radical en la irrupción de la primera generación postdictadura. Eran los hijos del éxito del “modelo” que entraron ruidosamente en escena política por medio de ese happening contestatario que fue el 2011. Pero fue justamente allí donde las cosas se torcieron, dando origen al gran equívoco que todavía nos pena.

Ese equívoco ha sido muy bien analizado en el notable discurso de Óscar Guillermo Garretón en el seminario de Security realizado el 6 de agosto. A su juicio, Michelle Bachelet y la Nueva Mayoría “vieron los movimientos de 2011 como estudiantiles, cuando no lo eran. Los estudiantes fueron solo punta de lanza de un movimiento clasista y familiar que resentía las diferencias de calidad en la educación y veía ahogarse sus sueños de padres en costosos aranceles. Creyeron ver también en esos movimientos la demanda de ‘cambio de modelo’ cuando la demanda era ensanchar espacios dentro del modelo. Se construyó todo un edificio ideológico en torno a ese error”.

Lo que la mayoría quería era inclusión en el modelo, no su destrucción. Para ello demandaba reformas del mismo, no su demolición. Quería mejores condiciones para ampliar sus conquistas, no una retroexcavadora refundacional. La tragedia es que esas legítimas aspiraciones no encontraron otra canalización que no fuese la alternativa radical que propulsaron los líderes estudiantiles y que Bachelet hizo suya.

Ello se debió, en buena medida, al fracaso rotundo de la derecha en entender el cambio del país y la importancia clave de las demandas de inclusión en condiciones de mayor igualdad de oportunidades. Como bien dice Garretón: “La centroizquierda entendió mejor la centralidad que adquiría el reclamo por las desigualdades, pero erró gravemente en el diagnóstico. Mientras, la incapacidad cultural de la derecha histórica para asumir una demanda de más igualdad, es razón central de su desfondamiento”.

En suma, la derecha se quedó en silencio y de esa manera no solo se condenó a sí misma a la intrascendencia política, sino que le entregó a la izquierda el monopolio de la definición y canalización de las demandas igualitarias. Y lo más paradójico es que esto coincidió con lo que fue un gran Gobierno de centroderecha, liderado por quien, a juicio de Garretón, fue un “Presidente realizador”, pero “incapaz de hacer de sus ideas un sueño colectivo mayoritario”. Así fue. Chile progresó notablemente en todos los frentes y Sebastián Piñera incluso encabezó con éxito gestas épicas, como la reconstrucción del país después del 27/F y el rescate de los 33. Pero su Gobierno terminó con la debacle electoral de la centroderecha.

Aprender de ello será vital para hacer realidad la mejor alternativa que se avizora en el panorama chileno actual: un retorno del ex mandatario a La Moneda. Para lograrlo debe hacerse el vocero de las demandas sociales del Chile emergente que quiere continuar por la senda del progreso, potenciando así su capital de buen gobernante con una propuesta de futuro que se transforme en “un sueño colectivo mayoritario”. Ese será su gran desafío, pero para enfrentarlo con éxito hará falta algo muy distinto y mucho más audaz que sumar los restos de una derecha tradicional medio agonizante.

*El autor es senior fellow de la Fundación para el Progreso (FPP) – (@MauricioRojasmr).


Mauricio Rojas, Senior Fellow de la FPP, será el presentador de la conferencia “Suecia, el otro modelo”. Actividad que se realizará el jueves 13 de Agosto en la sede de Concepción de la Universidad del Desarrollo.

Un interesante e imperdible evento, que contará con la participación de Francisca Dussaillant y Eugenio Guzmán.

¡No te lo pierdas!

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Artikel

“Därför blir SD största parti”

 Ledare
Krönika
Jimmie Åkesson (SD) Foto: Henrik Montgomery/ TT / TT NYHETSBYRÅN

Om allt fortsätter som hittills kommer SD att bli Sveriges största parti vid nästa val. De senaste tre riksdagsvalen har partiets röstandel fördubblats och inget tyder på att denna progression kommer att hejdas. Drivkraften bakom en så uppseendeväckande framryckning ligger inte i Jimmie Åkessons omorientering av partiet mot en mer salongsfähig invandringskritisk och folkhemsnostalgisk hållning. Det har givetvis varit förlösande för partiets bredare acceptans, men det är en mäktig våg av folkligt missnöje som til syvende og sidst förklarar partiets framgångar.

Missnöjet bottnar inte i en gryende rasism eller främlingsfientlighet. Så har många velat hävda, men utan det minsta sakliga stöd. Vad som däremot är påfallande och väldokumenterat är en växande oro över en misslyckad integration, som kopplas ihop med en tilltagande segregation, utanförskap och otrygghet. Att det sammanfaller med en rekordstor invandring, tiggeriets utbredning och hundratals ungdomars medverkan i Islamiska statens terrorkrig gör inte saken mindre bekymmersam.

Att inte erkänna detta och istället ge sig på SD:s väljare, som om de vore obotliga rasister, är inte bara att skjuta på budbäraren utan manar fram en ännu starkare reaktion mot vad som uppfattas som ett verklighetsförnekande ”etablissemang”. Det är, kort sagt, inte bara dumt utan också kontraproduktivt.

Att hålla SD i politisk karantän har också varit kontraproduktiv. Det har inte alls bromsat partiets framväxt, snarare tvärtom: det har gett partiet en martyrstatus och ses av många som ett sätt att fly undan de frågor som SD tar upp. Dessutom uppfattas denna karantän som ett föga demokratiskt och djupt osvenskt förhållningssätt.

För drygt tio år sedan presenterade jag en studie där utanförskapsområdenas utbredning kartlades för första gången. Då var SD ett litet parti, men ingenting gjordes för att vända på den utveckling som i slutändan banade vägen för dess framgångar. Efter valet 2006, då partiet fick 2,9 procent av rösterna, skrev jag att ”mot bakgrund av valutgången borde strutspolitikens tid vara över. Alla förstår att om vi inte agerar snabbt och kraftfullt kan vi vara säkra på att det 2010 sitter en bunt Sverigedemokrater i riksdagen”. Och så blev det.

Denna morgon läser jag om granatattacker i Malmö och Paulina Neudings reportage om ambulanspersonalens utsatthet, särskilt i utanförskapsområdena. Henrik Johansson, ordförande för Alarm Ambulansförbundet, säger: ”Det är också skrämmande att se att man inte verkar vilja ta i det här i den politiska debatten. Det är som att det här problemet inte fanns”. Och det är just denna feghet som kommer att göra SD till Sveriges största parti.

Mauricio Rojas är docent i ekonomisk historia. mauriciojoserojasm@gmail.com

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Sebastián Piñera y los 33 mineros, según los recuerdos y revelaciones del ex-presidente. De lo sucedido en esos momentos es de lo que habló el ex mandatario en un diálogo con el historiador económico y escritor, Mauricio Rojas. Una conversación cuyo contenido tuvo acceso “El Mercurio”.

Para leer el artículo completo pinche en este enlace: http://impresa.elmercurio.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-07-26&PaginaId=11&BodyId=10

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Madrid, VIII Democracia y Populismo

Mauricio Rojas en foro convocado por Vargas Llosa: “Debemos apropiarnos del cambio, hacerlo nuestro, es decir, hacerlo liberal”

Publicado 02.07.2015DSC_0096
El Líbero

“Iberoamérica de cara al futuro: Democracia y Populismo, nuevos desafíos” fue el título del encuentro realizado hoy jueves 2 de julio en la Casa de América, en Madrid, y que organizó la Fundación Internacional para la Libertad que preside el Premio Nobel Mario Vargas Llosa.

A continuación publicamos la exposición de Mauricio Rojas, senior fellow de la Fundación para el Progreso, ex integrante del MIR exiliado en Suecia, quien más tarde llegó a convertirse en miembro del parlamento sueco. A su juicio tanto las democracias latinoamericanas como la española deben sortear desafíos para hacer frente a la compleja realidad actual: “Debemos ser críticos del orden imperante y apropiarnos del cambio, hacerlo nuestro, es decir, hacerlo liberal. De otra manera, serán los caudillos populistas y socialistas los que se apropiarán y canalizarán la necesidad de cambio. Este es, a mi parecer, nuestro gran desafío y no sólo en América Latina sino igualmente en España, donde el surgimiento de Podemos nos ha puesto frente a la amenaza muy real de que la frustración justificada de tantos españoles sea canalizada hacia una propuesta de cambio que tiene todos los ribetes del populismo y de la democracia antiliberal”.

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Democracia liberal y democracia iliberal

Mauricio Rojas

2 de julio de 2015

“América Latina no ha sido un campo fértil para la democracia. Su historia es, en gran medida, la historia de sus dictadores y caudillos, de los golpes militares, la corrupción, el clientelismo y la violencia política. Sin embargo, los últimos decenios han sido testigos de una serie de procesos de democratización y reducción de la violencia política que sin duda debemos celebrar. Se realizan elecciones competitivas regularmente y la plaga de los golpes de Estado parece pertenecer al pasado.

Esta evolución de signo positivo ha provocado un cambio mayor en el escenario político latinoamericano. Los principales conflictos políticos de la región se han desplazado de los enfrentamientos violentos y una lucha entre democracia y dictadura (ya sea de derecha o de izquierda) a una lucha dentro de la democracia, entre dos concepciones radicalmente distintas de la misma. Una, de raigambre liberal, basada en la libertad individual y la limitación del poder, y otra, de corte personalista y autoritario, basada en la subordinación del individuo a un poder político que tiende a crecer ilimitadamente y que se encarna en la figura del caudillo gobernante.

Esta concepción y este uso autoritario de la democracia tienen ya una larga historia en América Latina. Su arquetipo no es otro que el régimen implantado en Argentina por Juan Domingo Perón el año 1946. Este discípulo de Mussolini se transformó, a su vez, en la gran fuente de inspiración de quien lo llegaría a superar con creces en el arte de desquiciar una sociedad valiéndose de sus victorias electorales: Hugo Chávez. Con él, y gracias a la inmensa riqueza petrolera de Venezuela, la concepción anti liberal de la democracia llega a su consumación y se transforma en un modelo que muchos otros tratarán de imitar en la región. Hoy, la idea de la democracia refundacional y plebiscitaria encuentra ecos incluso en países como Chile, que parecían inmunes a este tipo de ideas.

Ahora bien, este conflicto entre dos formas opuestas de ver la democracia no es privativo de América Latina, sino que ha sido una característica de la gran ola de democratización inaugurada a mediados de los años 1970 en Europa del sur (Portugal, Grecia y España), continuada en América Latina durante los años 80 y reforzada dramáticamente a partir del derribamiento del Muro de Berlin en 1989. La democracia se amplió entonces como nunca antes y los países con procesos electorales abiertos pasaron de 45 en 1975 a 115 en 1995. Esto llenó a muchos de optimismo e incluso se llegó a hablar del “fin de la historia”, es decir, de acuerdo a la célebre formulación de Francis Fukuyama, de la aceptación universal de la democracia liberal como forma natural de gobierno.

Esta visión optimista se vio pronto ensombrecida por el surgimiento de fuertes tendencias autoritarias dentro de muchas de las nuevas democracias. Esto es lo que Fareed Zakaria, en un destacado ensayo publicado en la revista Foreign Affairs en 1997, llamó el auge de la democracia iliberal. Merece la pena detenerse un instante en los argumentos de Zakaria ya que pueden ayudarnos a entender lo ocurrido recientemente en Latinoamérica.

Su idea central es que el carácter de la democracia depende de la existencia previa de instituciones y una cultura cívica que limiten el poder y protejan tanto la libertad individual como la autonomía de la sociedad civil. Este tipo de instituciones es el que se desarrolló en Inglaterra a partir de la Carta Magna de 1215 y que fue consagrado definitivamente por la célebre Declaración de Derechos de 1689. En Estados Unidos, estas tradiciones fueron depuradas de todo elemento feudal y aristocrático dando origen al experimento más radical hasta ahora conocido de autogobierno popular. Esta fue la herencia histórica que le dio su carácter liberal a la democracia estadounidense y no su constitución o sus leyes, que no fueron sino la codificación de unas instituciones y una cultura política previamente existentes.

Esta primacía de “las costumbres” y su fundamento social sobre lo legal es lo que Alexis de Tocqueville destacó en su notable obra sobre la democracia en América. Y el mismo Tocqueville nos dio el ejemplo más claro posible sobre la relación existente entre el substrato socio-cultural y las leyes. En su momento, Méjico copió, al pie de la letra, la constitución de Estados Unidos pero ello no lo hizo ni más democrático ni liberal. Su sociedad, desigual y jerárquica, era, simplemente, el opuesto a aquella sociedad profundamente igualitaria y libertaria que habían fundado los colonos inmigrantes del norte.

Este argumento, enunciado de manera clásica por Tocqueville y retomado por Fareed Zakaria, nos pone ante un problema mayor: la democratización en países como los nuestros, caracterizados por estructuras sociales profundamente desiguales y una notoria ausencia de una cultura cívica liberal, es una tarea infinitamente más compleja y difícil que aquella que enfrentaron los norteamericanos cuando crearon su célebre democracia. Ellos no hicieron sino reafirmar y consagrar una forma social y unos principios preexistentes mientras que en el caso nuestro la democratización debe ser mucho más que un proceso de carácter político-constitucional: debe ser, simultáneamente, un proceso de cambio social y cultural ya que no podemos aspirar a tener democracias liberales estables sin una base social y cultural capaz de sustentarlas.

Quiero hacer hincapié en este aspecto porque es, a mi juicio, decisivo para que la propuesta liberal tenga vitalidad e impacto en sociedades que requieren grandes cambios. Debemos ser críticos del orden imperante y apropiarnos del cambio, hacerlo nuestro, es decir, hacerlo liberal. De otra manera, serán los caudillos populistas y socialistas los que se apropiarán y canalizarán la necesidad de cambio. Este es, a mi parecer, nuestro gran desafío y no sólo en América Latina sino igualmente en España, donde el surgimiento de Podemos nos ha puesto frente a la amenaza muy real de que la frustración justificada de tantos españoles sea canalizada hacia una propuesta de cambio que tiene todos los ribetes del populismo y de la democracia antiliberal.

Para concluir quiero volver al texto de Fareed Zakaria a fin de destacar otro aspecto importante acerca de la complejidad de nuestro desafío presente. A su juicio, las cosas eran relativamente simples cuando los enemigos de la libertad enarbolaban abiertamente las banderas del golpismo (reaccionario o revolucionario) y la dictadura. Entonces, la lucha por la democracia sin más, sin apellidos ni calificativos, era una bandera natural de los liberales. Era, prácticamente, el resumen de todas nuestras aspiraciones, como bien lo puede seguir siendo, para sólo dar un par de ejemplos, en la China o la Cuba de hoy. Todo se complica, sin embargo, cuando los enemigos de la libertad también hablan a nombre de la democracia y de la soberanía popular, y más aún cuando son capaces, al menos por un tiempo, de ganar elecciones.

Ello nos obliga a desarrollar una lucha mucho más sofisticada que parte no ya de la democracia como una panacea sino de sus problemas y sus posibles usos y abusos contra la libertad. Ello nos obliga, por ejemplo, a recordar lo que ocurrió en la Atenas clásica cuando la democracia se transformó en una herramienta de poder de aquellos demagogos que un día condenaron a Sócrates a la muerte. Nos obliga a recordar también las preocupaciones de los padres de la constitución estadounidense por limitar el poder y evitar aquello que Tocqueville, tan acertadamente, llamó “la tiranía de la mayoría”.

En buenas cuentas, nos obliga a reconocer con toda claridad que existe una tensión inmanente entre libertad individual y poder político, por más democrático que este sea. Por ello mismo es que quiero terminar mi intervención citando algunas palabras muy dignas de ser meditadas que José Ortega y Gasset expresó en 1927:

“Democracia y liberalismo son dos respuestas a dos cuestiones de derecho político completamente distintas.

La democracia responde a esta pregunta: ¿Quién debe ejercer el poder público? La respuesta es: el ejercicio del poder público corresponde a la colectividad de los ciudadanos.

El liberalismo, en cambio, responde a esta otra pregunta: ejerza quienquiera el poder público, ¿cuáles deben ser los límites de éste? La respuesta suena así: el poder público, ejérzalo un autócrata o el pueblo, no puede ser absoluto, sino que las personas tienen derechos previos a toda injerencia del Estado”.

Presentación   http://ellibero.cl/actualidad/mauricio-rojas-en-foro-convocado-por-vargas-llosa-debemos-apropiarnos-del-cambio-hacerlo-nuestro-es-decir-hacerlo-liberal

Sin título1España vive aún bajo el impacto de la profunda crisis desencadenada el año 2008. Algo ha mejorado la situación pero al país todavía le queda mucho por andar para llegar a superar su difícil situación. Para ello deberá llevar a cabo una agenda de reformas mucho más audaz que la emprendida hasta ahora.
En esta perspectiva puede ser de interés hacer un paralelo con la situación que atravesó Suecia hace poco más de veinte años, cuando se vio enfrentada a una serie de retos que tienen una cierta similitud con los actuales desafíos españoles. Esto puede ser aún más relevante si constatamos el notable éxito alcanzado por Suecia en superar la crisis para luego transformarse en un ejemplo de estabilidad y dinamismo económico. Esto quedó recientemente de manifiesto, cuando Suecia mostró una gran capacidad de sortear con éxito la crisis internacional que devastó a tantos otros países, ubicándose a partir de entonces a la cabeza de los países desarrollados en términos de crecimiento económico (OECD 2014).

Texto completo, aquí: ESPAÑA Y SUECIA. crisis similares,respuestas divergentes

 

Publicado en El Líbero, 20 de marzo 2015.

Mario Vargas Llosa cumple 79 años este 28 de marzo y quisiera celebrarlo reproduciendo parte de las palabras que pronuncié en su presencia el 18 de mayo de 2011 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. La ocasión fue el lanzamiento de Pasión por la libertad, el libro que escribí sobre el pensamiento político de Vargas Llosa.

4702491267_baec306d08_b-645x400Leer a Mario Vargas Llosa es siempre una gran aventura. Lo saben de sobra todos aquellos que han leído alguna vez sus novelas. Sin embargo, no sólo sus obras literarias nos invitan a una aventura extraordinaria. Durante décadas, Vargas Llosa ha ido compartiendo con sus lectores reflexiones sobre un variadísimo espectro de temas. En ellas, ha ido dando testimonio de su toma de posición frente a una realidad siempre cambiante y sorprendente, pero también ha ido dejando las huellas de una evolución intelectual y política que lo ha llevado a ser uno de nuestros grandes pensadores liberales, un verdadero referente para todos aquellos que creemos que el ser humano se merece la libertad como destino cotidiano.

Esa evolución se ha hecho también parte de mi vida desde hace ya varias décadas. Yo fui uno de aquellos jóvenes latinoamericanos que hicieron una verdadera religión de la idea de que, para decirlo con las palabras de nuestro autor en el prólogo a la Historia de Mayta, “la libertad y la justicia se alcanzarían a tiros de fusil”. En esa fe crecí, pero también me desencanté de ella al ver que a la sombra de la hermosa utopía se escondía una nueva tiranía, y con ella luché hasta llegar al liberalismo, como aquella doctrina que mejor nos protege contra toda idea totalitaria.

En esa lucha la lectura de los ensayos, crónicas e intervenciones de Vargas Llosa fue fundamental. Los “demonios” con que yo luchaba a comienzos de los años 80 no eran muy distintos de aquellos con que nuestro autor había luchado durante los años 70: ambos teníamos un pasado marxista-revolucionario y habíamos creído en el advenimiento del paraíso comunista. Ahora estábamos ambos en un camino que nos alejaba para siempre de los jardines dorados de la utopía, pero Vargas Llosa había llegado mucho más lejos que yo en el viaje hacia un sueño más modesto y por ello más humano.

Leerlo fue un gran estímulo intelectual y un consuelo inapreciable para ese sentimiento de orfandad que aqueja a quienes abandonan el círculo encantado de aquellos que se creen elegidos para ser los mesías de la liberación humana. Esa evolución personal me fue uniendo, a la distancia, a ese hombre que ya antes había conocido por sus inolvidables novelas, y que luego conocería personalmente.

Mario Vargas Llosa no es sólo un pensador extraordinariamente prolífico sino, además, profundo y radical. Radical por buscar siempre ir a la raíz de las cosas, por no conformarse con la superficie, con la frase deslumbrante o la pose que impacta. Por ello es que leer los ensayos de filosofía política de nuestro autor es dialogar con lo mejor del pensamiento liberal occidental, adentrarse, por ejemplo, en la gran lucha intelectual de un Karl Popper contra los totalitarismos o empaparse de la sabiduría tranquila de un Isaiah Berlin o conocer más de cerca a un Friedrich Hayek, un Adam Smith o un Jean-François Revel.

Entrando más en materia quisiera acercarme a la evolución política de Vargas Llosa destacando dos características de su pensamiento que, a mi juicio, se mantienen a través del tiempo como sus ejes centrales. Ambas pueden ser relacionadas con dos grandes pensadores franceses, que jugaron un papel de primera línea en el desarrollo intelectual de nuestro autor. Me estoy refiriendo a Jean-Paul Sartre y a Albert Camus.

2011-8-cubierta_pasic3b3nporlalibertad_desarrollo2De Sartre, que fue un gran héroe cultural para el joven Vargas Llosa, no sobrevivió mucho con el tiempo. Sus artificios dialécticos no fueron finalmente capaces de justificar lo injustificable, es decir, la supuesta distinción entre “opresión progresista”, hecha a nombre de un futuro paraíso sobre la tierra, y opresión a secas. Sin embargo, de Sartre sí sobrevivió la idea del escritor comprometido con su tiempo, aquel que toma partido, que no calla, que no mira para otro lado. Nada más ajeno a Mario Vargas Llosa que la indiferencia frente a su mundo.

Esa idea o actitud ha sido rectora en una vida en que la política, ya desde los años 50 del siglo pasado, nunca estuvo ausente. Lo que no significa, por cierto, confundir la política con la literatura, que son actividades esencialmente diferentes, tal como el mismo Vargas Llosa no se cansa de explicar: el escritor, y el artista en general, parte de la soberanía de su imaginación para forjar “realidades irreales”, ficciones tan convincentes que las vivimos, por un instante, como reales. Quien hace política debe, por el contrario, so pena de caer en la política-ficción y causar grandes perjuicios, partir siempre de la soberanía de lo real y de lo realmente posible.

Pasemos ahora a la segunda característica permanente del pensamiento de nuestro autor. Esta puede ser relacionada con quien, en su día, fue el contrincante más desatacado de Jean-Paul Sartre: Albert Camus. Ese gran escritor argelino-francés que en 1957 recibió el Premio Nobel de Literatura por haber puesto de relieve, tal vez mejor que nadie, “los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy”, como bien lo expresó la Academia Sueca en su momento.

Con Camus asocio aquella vena rebelde que, a mi juicio, hace de Mario Vargas Llosa quien es, y quien siempre ha sido. Rebelde en el sentido de Camus, es decir, aquel que no acepta la indignidad, la injusticia, la opresión. Que dice no, que les planta cara a los tiranos de toda condición. Aquel que no se somete, que no calla frente a una realidad que envilece al ser humano. El rebelde no es un revolucionario de aquellos que sueñan con paraísos terrenales u hombres nuevos. No, el rebelde actúa por ese hombre que somos, aquel ser imperfecto y limitado, como toda sociedad humana que podamos construir. Pero en ningún caso se resigna a que no seamos lo que sí podemos y debemos ser: dignos, respetados, libres.

La vena rebelde de Vargas Llosa ha derivado en lo que ha sido su lucha más constante, su verdadero predicamento existencial ya desde la niñez: su oposición férrea, visceral, al autoritarismo, a la tiranía, a la dictadura. Y a sus correlatos inseparables: los patriarcas despóticos, los caudillos, los comandantes-presidente, los führer de todo pelaje y coartada ideológica. Esta oposición no conoce excepciones y va desde el ámbito personal al social.

Mario Vargas Llosa lo ha expresado mejor que nadie en diversas ocasiones. Por ello es pertinente citar sus propias palabras, tomadas de una conversación con su amigo Enrique Krause, publicada en la revista Letras libres:

“Si hay algo que yo odio, que me repugna profundamente, que me indigna, es una dictadura. No es solamente una convicción política, un principio moral: es un movimiento de las entrañas, una actitud visceral, quizá porque he padecido muchas dictaduras en mi propio país, quizá porque desde muy niño viví en carne propia lo que es esa autoridad que se impone con brutalidad.”

Creo que no exagero al decir que muy poco en la vida de Mario Vargas Llosa sería comprensible si no se tomase este aspecto en consideración. Escribir, como nos lo recuerda en su obra autobiográfica El pez en el agua, también fue un acto fundamental de rebeldía ante “esa autoridad que se impone con brutalidad”, un acto vital de resistencia para reivindicar y defender aquella dignidad y libertad que nos debemos y le debemos a todo ser humano. De allí su repulsión absoluta a todos los tiranos. Desde el general Manuel Odría, el dictador peruano cuyo régimen marcó indeleblemente la juventud de Vargas Llosa, hasta los dictadores y caudillos de izquierdas o de derechas que han jalonado nuestro tiempo, llámense estos Brezhnev o Pinochet, Castro o Batista, Chávez, Jomeini o Gadafi.DSC09803_0

Esta consideración nos permite abordar la naturaleza misma del pensamiento liberal de nuestro autor, aquello que él mismo ha llamado “liberalismo integral”. Se trata de algo fundamental, ya que se desmarca y denuncia una tentación suicida de un cierto “liberalismo”, no poco común en América Latina, que reduce ese árbol frondoso que es el de la libertad a la economía y que, peor aún, ha estado dispuesto a conculcar, o al menos a no condenar, el sacrificio de ciertas libertades básicas si esto se hace en aras de reformas económicas vistas como liberalizadoras.

Permítanme, dada la importancia del tema, citar con cierta extensión parte de las palabras de Mario Vargas Llosa al recibir, en 2005, el Premio Irving Kristol del American Enterprise Institute:

“Hay liberales (…) que creen que la economía es el ámbito donde se resuelven todos los problemas y que el mercado libre es la panacea que soluciona desde la pobreza hasta el desempleo, la marginalidad y la exclusión social. Esos liberales, verdaderos logaritmos vivientes, han hecho a veces más daño a la causa de la libertad que los propios marxistas, los primeros propagadores de esa absurda tesis según la cual la economía es el motor de la historia de las naciones y el fundamento de la civilización. No es verdad. Lo que diferencia a la civilización de la barbarie son las ideas, la cultura, antes que la economía y ésta, por sí sola, sin el sustento de aquella, puede producir sobre el papel óptimos resultados, pero no da sentido a la vida de las gentes, ni les ofrece razones para resistir la adversidad y sentirse solidarios y compasivos, ni las hace vivir en un entorno impregnado de humanidad.”

Esto no quiere decir, en lo más mínimo, que nuestro autor ignore la importancia fundamental de una economía basada en la libertad, aquella economía que ha permitido, al extenderse recientemente por casi todo el planeta, elevar el nivel de vida de los seres humanos de una manera nunca antes vista, sacando a cientos de millones de hombres y mujeres de aquella pobreza que siempre fue el mal endémico de la abrumadora mayoría de la humanidad.

Eso es evidente, y provoca la ira de quienes creen que, al menos en economía, la libertad no es la mejor opción que tenemos. Pero esto no significa transformar esa libertad en la única digna de defenderse o en una especie de libertad superior ante la cual las demás libertades deban postrarse.

Esta toma de posición ha llevado a Mario Vargas Llosa a definir el liberalismo de una manera que nos recuerda su sentido más original, es decir, como una “actitud ante la vida”, un talante o una actitud que, con sus propias palabras expresadas en un texto donde reivindica la herencia intelectual de Ortega y Gasset, está “fundada en la tolerancia y el respeto, en el amor por la cultura, en una voluntad de coexistencia con el otro, con los otros, y en una defensa firme de la libertad como un valor supremo”.

Estos son algunos de los temas que se recogen en el libro Pasión por la libertad y quiero dejar hasta aquí estas reflexiones de carácter más general para permitirme hacer una breve consideración final que es más personal.

Si hay un recuerdo que siempre me viene en mente cuando pienso en la persona Mario Vargas Llosa es el de una tarde soleada y apacible, hermosa como solo pueden serlo aquellas tardes infinitas del corto verano nórdico. Estábamos, junto a Patricia Vargas Llosa y a Mónica, mi esposa, en la pequeña terraza de un café de la encantadora ciudad de Sigtuna, una de las más antiguas de Escandinavia. Allí, a orillas de aquel gran lago-río llamado Mälaren, conversamos un poco de todo, de lo humano y de lo divino, como si hubiésemos sido viejos amigos de siempre, aunque en verdad se trataba de una amistad que recién comenzaba.

Posteriormente he reflexionado sobre aquel momento fugaz pero, a su vez, indeleble, y creo que mi reflexión será compartida por todos aquellos que han tenido el privilegio de conocer a Mario un poco más de cerca. Hay en este gran hombre, y en su entorno humano, una sencillez y calidez naturales que lo hacen ser plenamente alcanzable y cercano. Esto es, a mi juicio, lo que mejor habla de su grandeza, el que ésta nunca le haga sombra a ese ser humano entrañable que es Mario Vargas Llosa.

Por ello, y por su pasión infinita por la libertad, es que tantos lo estimamos y le queremos.

 

 

La colusión político-económica ha mostrado tal gravedad que nuestra democracia está amenazada si no hay enmiendas.

 Las últimas encuestas muestran un desarrollo político en España que nadie podría haber imaginado hace muy pocSin-título-16-820x400o. El viejo duopolio formado por el Partido Socialista y el Partido Popular se está hundiendo ante la arremetida de Podemos, en el flanco izquierdo, y Ciudadanos, en el derecho. Según el diario El País del domingo 8 de marzo, Podemos encabeza las preferencias con 22,5% de intención de voto, superando al Partido Socialista que alcanza el 20,2%. Luego vienen, empatados, el Partido Popular y Ciudadanos, con 18,6 y 18,4% respectivamente.

Esto significa que fuerzas políticas prácticamente inexistentes hace un año -Podemos y Ciudadanos- estarían igualando o superando a los dos grandes partidos que en las elecciones de 2011 obtuvieron más del 73% de los votos y que ahora ni siquiera suman un 40%. Esta evolución representa el colapso de la clase política que ha regido a España desde la transición a la democracia a fines de los años 70.

La explicación de esta debacle no es en sí la prolongada crisis económica que ha afectado al país. Ello crea, sin duda, condiciones propicias para cambios bruscos de opinión, pero el abandono de las dirigencias tradicionales no es entendible sin su profundo desprestigio debido a una ola espectacular de escándalos de corrupción que no solo ha envuelto a socialistas y populares, sino también a las elites políticas regionales, como la catalana, así como a la Casa Real, los principales sindicatos, los grandes clubes de fútbol, poderosos empresarios y, en la práctica, a todo sector que haya tenido algún poder en la España post franquista.

Los “chorizos”, como se llama a los corruptos en España, abundan, pero no solo en las altas cumbres del poder. Se trata de una sociedad corroída de pie a cabeza por la pillería o la “picaresca” que ha llegado a una situación límite, donde votar por cualquier opción parece preferible a hacerlo por los viejos aparatos corruptos. Por cierto, el riesgo es caer del fuego en las brasas. Esto lo muestra Podemos muy claramente, un partido populista-chavista cuyos dirigentes han hecho del fraude fiscal y la plata venezolana su base de recursos para atacar a lo que, desvergonzadamente, llaman “la casta”.

Ese ataque generalizado a unas elites sociales, económicas y políticas hundidas por la indecencia de muchos de sus miembros ha servido de trampolín para el asalto al poder de demagogos autoritarios como Hitler, Mussolini, Castro, Chávez, Perón o Fujimori, para tomar solo algunos connotados ejemplos. No se trata, por cierto, de que la mayoría de quienes conforman los grupos dirigentes de la sociedad sea corrupta. No, pero basta con que las conductas abusivas se repitan a menudo para dar la impresión de que todo el sistema está preso de un cáncer que solo puede ser curado por una intervención providencial de algún iluminado que barra con todo y refunde el país.

bueno, ese es el riesgo que Chile corre hoy. La idea de la corrupción y el abuso generalizado de parte de “los poderosos” venía madurando desde ya hacía tiempo. Las elecciones del 2013 fueron sintomáticas al respecto, siendo Franco Parisi la expresión más clara y desvergonzada de ello.

Pero candidatos como Velasco y Enríquez- Ominami tocaban, sin querer de forma alguna igualarlos, la misma cuerda de descontento con “las malas prácticas” de “los poderosos de siempre”. Así, entre los candidatos que llegaron a la primera vuelta y el voto potencial de Velasco, podemos situar el porcentaje de “voto protesta” contra el establishment en una tercera parte del electorado. Pues bien, con esta chicha nos vamos a curar si no se produce un cambio radical aquí y ahora de parte de todos los grupos de poder. Basta de silencios y complicidades. El murmullo ya no basta.

La colusión político- económica ha mostrado tal gravedad que nuestra democracia está amenazada si se deja pasar esta oportunidad de enmendar. El problema en estos casos es que la red de corruptelas y complicidades acostumbra a ser tan amplia que la reacción frente a ella se hace insuficiente o se queda en las puras palabras. Se sacrifican por cierto algunas cabezas de turco, que bien se lo merecen, pero la movilización del establishment es más para contener y tapar que para abrir y limpiar.

A este respecto, la Presidenta tiene un deber fundamental. Ella simboliza la República y lo ocurrido con su hijo la mancha a ella y a la República, cualquiera que haya sido su nivel de conocimiento o participación en el asunto. Por ello fue tan lamentable que, después de semanas recluida en su casa de veraneo, solo haya atinado a pronunciar unas cuantas frases que nadie sabe para qué sirven ni qué significan realmente. Pero la responsabilidad no es menor por el otro lado.

El hundimiento de la UDI como partido es, probablemente, irreparable, lo que es lamentable para las ideas que representa que, sin ser las mías, son absolutamente relevantes en un sistema de diversidad democrática. Y los empresarios, que estaban ya antes bajo fuerte sospecha, han dado, con su silencio corporativo, un espectáculo no menos bochornoso. Y aquí estamos.

Esperando que salte a la arena el demagogo populista que coseche los frutos de esta siembra lamentable. Ya hay algunos candidatos a ello, pero me temo que el futuro nos deparará sorpresas aún más desagradables si esto sigue así. La España actual será entonces la imagen de nuestro futuro y Chile habrá dilapidado su principal capital histórico, que eran su solidez y decencia institucional.

VÍDEO de Mauricio Rojas – ¿Qué es ser liberal?

10943666_10153065310547840_577492064351183625_nActitud sócratica: modestia frente al conocimiento y firmeza en defensa de los valores de la libertad

Un liberal jamás puede decir que todas las culturas son lo mismo. No es la cultura, es la libertad de los individuos…

Solamente el dogmático o el ignorante cree que lo sabe todo, porque sabe cualquier cosa…

https://www.youtube.com/watch?v=YOILyuYIt04&list=UUc8TbSged5O_G8_eVD-YmbQ

Studio Axess – Mauricio Rojas

Venezuela på väg mot diktatur Denna video är giltig från 2015-03-01 kl. 06:00 och tills vidare.

forum-axess

En gång var Venezuela Latinamerikas rikaste land. Efter många år av hämningslös pengarullning och populism under Hugo Chávez ligger ekonomin i spillror och landet vacklar på konkursens rand. Risken för en militärkupp är överhängande. Det menar Mauricio Rojas, som nyligen besökt landet. Han samtalar med programledaren PJ Anders Linder.

Producerat av Svenska Filmbolaget 2015

http://axess.se/Tv/vodplayer.aspx?vod=1492

Podemos‬ vende un show, un reality político, una ilusión: esa es la esencia del fascismo-populismo.

safe_imageFriedrich Hayek inicia Camino de servidumbre con la siguiente cita de Lord Acton: “Pocos descubrimientos son tan irritantes como aquellos que revelan el origen de las ideas”. Y así es, no menos en el caso de las diversas variantes actuales del populismo, ya sean latinoamericanas o españolas.

El populismo contemporáneo gusta de vestirse con ropajes socialistas y hasta se proclama “socialismo del siglo XXI”. Desde su perspectiva, esta sería una forma de adquirir cierta respetabilidad intelectual y revolucionaria. Pues bien, como casi todas las cosas que predican los líderes populistas, también es una falsedad. Su verdadera historia ideológica es bastante distinta y tiene mucho más que ver con el fascismo que con el socialismo (diferente, aunque no por ello mejor). Es del mundo simbólico del discurso fascista (pueblo contra elites vendidas y enemigos foráneos), su culto a la fuerza de la voluntad (encarnada en la voluntad titánica del líder) y su talento mediático (la política como espectáculo), de donde se nutre el populismo en sus diversas variantes. Por ello es que el populismo de hoy, más que el socialismo, es el fascismo del siglo XXI.

Esto lo captó muy bien Carlos Fuentes, que ya en 2006 escribió lo siguiente sobre Hugo Chávez:

Montado sobre la quinta producción mundial del petróleo, Hugo Chávez se pasea como gobernante de izquierda cuando en verdad es un Mussolini tropical, dispuesto a prodigar con benevolencia la riqueza petrolera, pero sacrificando las fuentes de producción de empleo.

La conexión entre Mussolini y su versión tropical está históricamente mediada por Juan D. Perón, arquetipo insuperado del populismo latinoamericano. Como se sabe, su punto de partida fue el tiempo que Perón pasó en Italia, país al que llegó en junio de 1939 y donde permaneció por veinte meses. Conoció allí la experiencia fascista en un momento de gran exaltación, y la figura del Duce lo impactó profundamente. No pudo dejar de advertir, tal como lo señala Joan Benavent en su libro Perón. Luz y sombras, que

la popularidad de Mussolini se basaba en su difundido origen plebeyo y en un olfato político que lo orientaba a tutelar a las clases bajas (…) Tampoco caben dudas acerca de su encandilamiento con el fenómeno de masas y (…) el vínculo irracional de éstas con el jefe supremo, en medio de escenarios cargados de rituales, ceremonias, cánticos, el entusiasmo desbordante de los partidarios y la oratoria encendida como mensaje final del mesías de la nación.

De esa manera, Perón encontró su futuro: una imagen, un estilo y un método que pondría en acción tras el golpe de Estado de 1943, que llevó al poder a los oficiales argentinos con simpatías nazi-fascistas. Su éxito fue arrollador: accedió a la Presidencia, por medio de una elección democrática, en 1946. Una vez instalado en la Casa Rosada dio inicio a un proceso de conculcación de las libertades y destrucción de la democracia que conformará el modelo de acción que luego imitarán todos los caudillos del socialismo del siglo XXI.

Dicha vía democrática a la destrucción de la democracia no fue, sin embargo, un invento de Perón. Ese fue exactamente el camino seguido por Hitler después del fracaso de su intento golpista de 1923.

Esta es la matriz peronista-fascista tan fácilmente reconocible en el chavismo, y por ello no es nada sorprendente que Hugo Chávez, en un discurso de 2008, declarara con orgullo: Yo soy peronista de verdad”; subrayando luego su identificación con la persona del gran populista argentino.

Tal accionar político ha irrumpido en España con Podemos, por más que las formas exteriores nos puedan confundir. Sus líderes conocen al dedillo el libreto chavista-fascista. Lo han vivido en primera persona; por ejemplo su ideólogo, Juan Carlos Monedero, que se ha definido a sí mismo como “el bufón de Chávez”. En su rol de consejero-bufón, pudo estudiar de cerca al caudillo, conocer a fondo sus métodos manipulativos, su escenificación y su dominio magistral de la televisión, que para los populistas actuales es lo que la radio fue para Hitler o Perón.

Del “Mussolini tropical” los líderes de Podemos aprendieron cómo se crea la ilusión que lleva al culto del líder entre aquellos que, confusos, desilusionados y anhelantes, esperan a un redentor, a alguien que les diga…: “Podemos”. Podemos si queremos, si me quieren, si confían en mi voluntad…

De Chávez también aprendieron que el camino democrático es el mejor para terminar la democracia que tanto desprecian y que no se cansan de denunciar como formal o falsa (en oposición a la “real”, “popular” o “participativa”, que ellos representarían), manejada por “la oligarquía financiera” y por una casta “a sueldo de grandes empresas”, como Pablo Iglesias dijese en su discurso como candidato a presidir el Parlamento Europeo. La conclusión no podía ser sino esta:

Señorías, la democracia en Europa ha sido víctima de una deriva autoritaria. En la periferia europea la situación es trágica: nuestros países se han convertido casi en protectorados, en nuevas colonias.

Así han hablado siempre los grandes destructores de la democracia realmente existente, caricaturizándola y desvalorizándola para luego poder arrasarla en nombre de la liberación de un pueblo supuestamente sometido al dominio foráneo, al que se habría vendido su “casta dirigente”. Por ello piden el poder y no trepidan en prometer cualquier cosa para alcanzarlo, tal como hace Podemos en su programa: trabajar menos y ganar más, o no trabajar y vivir de los demás gracias a la renta básica universal e incondicional; jubilación a los 60 años con mejores pensiones; impago de hipotecas o alquileres sin temor al desahucio; gratuidad y derechos sin fin, etc.

Todo esto no es más que una engañifa evidente, pero poco importa, lo que importa es la proyección de deseos en la figura del líder. Lo que se vende es un show, un reality político, una ilusión: esa es la esencia del fascismo-populismo. Y para eso nunca ha faltado público, especialmente en tiempos difíciles.

El problema, claro está, es que nada es gratis. Tampoco lo es el populismo con maquillaje socialista y alma fascista. Cuesta, y mucho, como bien saben todos los pueblos que se han dejado seducir por caudillos mediáticos.

Mauricio Rojas (Santiago de Chile, 1950), exmiembro del Parlamento sueco y profesor adjunto de Historia Económica de la Universidad de Lund (Suecia).

http://www.libertaddigital.com/…/las-raices-ideologicas-de…/

Chile vive un momento en el que probablemente se decida su futuro como experiencia de desarrollo exitoso o frustrado.
La historia de Suecia es muy ilustrativa: nos enseña las causas de la prosperidad y sobre que pasa cuando se ofrecen derechos sin fin.
Nos permite entender sobre qué pasa cuando nos dejamos llevar por la senda del Gran Estado.

https://www.feriachilenadellibro.cl/index.php/suecia-el-otro-modelo.html

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Om islam, islamism och jihadism 10943666_10153065310547840_577492064351183625_n

18 januari 2015 kl 20:50, uppdaterad: 20 januari 2015 kl 09:31

http://www.svd.se/opinion/ledarsidan/olika-standpunkter-om-is-och-islam_4262245.svd

Terrordåden i Paris och den Islamiska statens (IS) skoningslösa framfart tvingar oss att ställa den besvärliga frågan om islams koppling till dessa handlingar. Här står tre ståndpunkter mot varandra.

Den första är den som David Cameron nyligen uttryckte apropå IS:s illdåd: ”De är inte muslimer, de är monster”. Det handlar alltså om hatiska individer, som begår våldsdåd i islams namn utan att i själva verket ha något med den religionen att göra.

Den andra är den som Tony Blair gav uttryck för i juni 2013 när han, efter mordet på en brittisk soldat, skrev: ”Det finns inte ett problem med islam… Det finns inte ett problem med muslimer i allmänhet… Men det finns ett problem inom islam – med anhängarna till en ideologi som är en gren inom islam… I dess hjärta finns det ett synsätt om religionen och om kopplingen mellan religion och politik som inte är förenligt med ett pluralistiskt, liberalt och öppet samhälle.”

Den gren av islam som Blair syftade på är den som kallas islamism, med jihadismen som dess väpnade uttryck. Den har många varianter, men alla förenas av idén att religion och politik inte kan skiljas åt och att islam ska styra samhällslivet i dess helhet. Idén om ett sekulariserat samhälle måste därmed bekämpas som uttryck för ett hädiskt synsätt. Dess mest träffande uttryck återfinns i Muslimska brödraskapets credo: ”Koranen är vår författning”.

Den tredje ståndpunkten går längre än Blairs och säger att problemet finns i själva islam, ty idén om att religionen ska styra samhällslivet har varit central i islam från dess första början. Islam föddes inte bara som en religion utan också som en samhällsordning, såsom det gestaltade sig i den av Muhammeds instiftade gemenskap i Medina år 622.

I det avseendet skulle islamisterna följa islams sanna budskap, men det säger ingenting om metoderna för att uppnå detta ideala samhällstillstånd. Det förklarar de stora dispyterna mellan olika islamistiska strömningar om jihads rätta former.

Följderna av dessa ställningstaganden är radikalt olika. I det första alternativet är det frågan om att bekämpa vissa individer och motverka orsakerna till deras sjuka agerande. I det andra är det en fråga om att isolera och motarbeta en viss tolkning av islam till förmån för andra, som är fullt kompatibla med ett öppet samhälle. I det tredje står vi inför en mycket vidare utmaning, som handlar om de förändringar som islam måste genomgå för att kunna anpassas till ett modernt sekulariserat samhälle.

Vi har, med andra ord, en mycket angelägen debatt framför oss och jag hoppas att vi ska kunna föra den på ett sansat sätt, ty mycket av vår framtid hänger ihop med de slutsatser vi kan finna.

Publicado 09.01.2015 El Líbero

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Hace ya algunos años el diario danés Jyllands-Posten publicó unas caricaturas de Mahoma que provocaron un profundo disgusto entre muchísimos musulmanes, así como violentas reacciones en el mundo del Islam radical o islamismo. Cuando ello ocurrió, la enorme mayoría de los medios de comunicación occidentales optó por no publicar las caricaturas para no arriesgarse a sufrir represalias. Charlie Hebdo rompió con la autocensura y publicó. Así se convirtió en el blanco de la ira islamista y hoy conocemos las consecuencias de su valiente defensa de la libertad de expresión. Murieron porque otros callaron, porque, al quedarse solos, fueron fácilmente atacables. Si todos hubiesen tenido el coraje de publicar se hubiese asumido, como corresponde en una sociedad libre que quiere seguir siéndolo, una responsabilidad colectiva por el uso de la libertad de expresión y no se les hubiese dejado a unos pocos llevar una carga que al final los condenó a la muerte.

Algunos dicen que, después de todo, la culpa es de los caricaturistas que se burlan de lo sagrado y de los medios que publican imágenes o textos que ofenden profundos sentimientos como los religiosos. Para ellos, la libertad de expresión debe limitarse, ya sea legal o voluntariamente, a aquello que no ofende ese tipo de sentimiento u otros parecidos. A eso se le llama respeto y el argumento suena razonable a primera vista. Sin embargo, basta reflexionar un poco para darse cuenta de que ese sería el camino hacia el fin de la libertad de expresión que, a su vez, es la base de todas nuestras libertades democráticas.

La razón es simple: en una sociedad abierta y plural siempre habrá alguien que se ofenda profundamente por lo que otros hacen o dicen. Muchos se sienten fuertemente agredidos en sus creencias más íntimas al ver que una pareja homosexual se besa públicamente; otros hace ya mucho que experimentan un gran malestar ante expresiones artísticas o culturales que ridiculizan a Cristo, y por mucho tiempo se consideró tremendamente ofensivo y condenable la existencia misma de un cuestionamiento a la verdad de lo expresado en la Biblia. Se ha perseguido y matado innumerables veces a los disidentes, a los blasfemos, a las mujeres que no ajustaban su conducta a las reglas establecidas. Esa es nuestra propia historia, la de la cacería de brujas, la condena a Galileo, la inmolación de Giordano Bruno, la Inquisición, la esterilización forzada de mujeres “indecentes”, la persecución del homosexual, del judío, del que ha creído en otros Dios o simplemente no ha creído, y así podríamos seguir infinitamente. En cada caso muchos pudieron justificar la represión ejercida con la ofensa causada a la moral pública, a las verdades sacrosantas, a la decencia, a lo sagrado, etc.

Vivir en una sociedad abierta y libre exige que aceptemos lo que nos disgusta e incluso la expresión de ideas que nos provocan la más fuerte aversión. Esa tolerancia es justamente la que protege la libertad de todos, ya que en lo que cada uno de nosotros hace y piensa seguro que hay algo que otro ser humano considera profundamente erróneo, ofensivo y censurable.

Es de esperar que aprendamos la lección trágica de la masacre de París. Pero no la de callar para no provocar a los violentos, sino la de defender con valentía los principios fundamentales de la sociedad libre.

 

Mauricio Rojas, Senior Fellow de la Fundación para el Progreso.

Gästbloggat/Mauricio Rojas: Friheten överlever bara om vi står upp för den

För snart sju år sedan, den 12 mars 2008, gjorde jag ett inlägg i riksdagen i samband med mordhoten mot konstnären Lars Vilks och mot Ulf Johansson, chefredaktör för Nerikes Allehanda, den tidning som publicerade en teckning av Vilks som föreställde profeten Muhammed som rondellhund. Idag finns det all anledning att upprepa dessa ord:

”Det vi har att vänta oss är en lång och många gånger mycket plågsam konfrontation, ty slaget om våra och andras friheter kommer inte att vinnas över en natt. I denna långa konfrontation finns det en risk som jag i detta sammanhang vill uppmärksamma: att vi låter oss skrämmas till tystnad, att vi börjar använda ett slags självcensur i syfte att inte provocera våldsverkarna. Det vore förfärligt, och lika förfärligt vore om vi, på något sätt, lägger skulden för det inträffade på dem som har blivit hotade för att de begagnade sig av våra fundamentala rättigheter. Det får vi aldrig göra även om vi ogillar hur dessa friheter används. Vi måste visa vår ovillkorliga solidaritet med offren.

Lars Vilks och andras liv är inte bara hotat, utan det har totalt förändrats genom att de ständigt behöver leva under hot och behöver skydd mot eventuella våldsverkare. Samma sak drabbade för en hel del år sedan författaren Salman Rushdie och, för några år sedan, den holländska parlamentsledamoten Ayaan Hirsi Ali. De danska karikatyrtecknarna har också sett sina liv förändras för att de gjorde bruk av vårt demokratiska och öppna samhälles viktigaste frihet, friheten att yttra sig och inte bli censurerade.

Därför vill jag i dag, från denna talarstol, uttrycka min solidaritet med Lars Vilks, med Ulf Johansson, med de danska karikatyrtecknarna, med Ayaan Hirsi Ali och med alla dem som har blivit hotade för att de begagnar sig av de friheter som vi anser vara heliga.

Jag vill betona att saken inte gäller vad dessa individer har sagt eller vilka teckningar de har tecknat. Om det råder det olika meningar. Man kan till och med mycket starkt ogilla det utan att för den skull helt och hållet låta bli att ställa sig bakom deras rätt att yttra sig utan att bli trakasserade, hotade eller mördade som filmaren Theo van Gogh.

Jag vill också utnyttja tillfället att manifestera min beundran för de danska tidningarnas modiga beslut att samfällt publicera den mordhotade tecknarens karikatyr av profeten Muhammed. Det var en läxa för oss alla i demokratisk värdighet och principfasthet. Danmark må vara ett litet land men i detta avseende har Danmark betett sig som ett av de största.

Vad de danska tidningarna signalerade mot dem som tror att de kan skrämma oss till underkastelse var hur viktig vår frihet är. Det vet vi svenskar åtminstone sedan 1400-talet då biskop Thomas skrev att frihet är det bästa ting. Så är det, det bästa och vårt käraste ting.

Men att säga detta är förpliktande, ty friheten kan inte överleva om vi inte har modet att stå upp för den. Biskop Thomas frihetssång handlade just om en man som tog friheten på allvar och hade modet att försvara den. Han hette, som vi vet, Engelbrekt Engelbrektsson och han tvekade inte att använda, som det står i Frihetsvisan, klubba och svärd för att försvara friheten.

Tack vare dessa människor är vi fria i dag, och bara om vi inte glömmer deras exempel och frihetens uppfordrande budskap kan vi fortsätta att vara det.”

Mauricio Rojas

“Atentado terrorista a semanario francés”. Carta de en sobre

El terrible atentado de París nos ha recordado que vivimos en tiempos de guerra, global e implacable, con el islamismo armado, o yihadismo. Miles de jóvenes que viven en las sociedades occidentales ya son parte o quieren ser parte de esa yihad global que hoy tiene su epicentro en el así llamado Estado Islámico (EI). Esta es la amenaza urgente, lo que debemos enfrentar aquí y ahora. Pero el reto no se limita a ello, ya que el yihadismo fluye de una corriente ideológico religiosa, el islamismo o islam político, enraizada en los fundamentos mismos del islam.

645@70Debemos ser capaces reconocer, como dijo Tony Blair en 2013, que “hay un problema dentro del islam, de parte de los adherentes a una ideología que es una rama dentro del islam… En su núcleo existe una concepción de la religión y de la relación entre religión y política que no es compatible con las sociedades pluralistas, liberales y tolerantes”.

Esta concepción no es, sin embargo, algo privativo del islamismo, sino que se arraiga en la aspiración fundacional del islam de regir la vida social en su integridad. Esta aspiración, y no sólo los métodos para alcanzarla, es el quid del problema. En este sentido, es sintomático que la crítica al yihadismo proveniente del islam institucionalizado (como el Gran Muftí de Egipto) se centre en la brutalidad de los métodos o en la proclamación ilegítima del califato, pero sin entrar en el fondo del asunto que no es otro que la voluntad de crear una sociedad y un mundo islamizados.

Esta es la encrucijada del islam contemporáneo y debiera ser encarada, clara y honestamente, por aquellos musulmanes reformistas que quieren hacer del islam una religión moderna, plenamente compatible con sociedades secularizadas y democráticas.

Para sobrevivir en el largo plazo, el islam debe iniciar una retirada desde su concepción original totalizante hacia la esfera puramente espiritual y privada. Sólo cuando aprenda a decir “mi reino no es de este mundo” el islam tendrá un futuro. Queda por ver si ello será posible.

Mauricio Rojas Senior Fellow de la Fundación para el Progreso

EL LÍBERO 28.12.2014 Por una economía solidaria de mercado

DSC_0007Tal vez podríamos, en lugar de la palabra “social”, que es un poco imprecisa y deslavada, usar la palabra “solidaria”. Así, en lugar de economía social de mercado podríamos decir economía solidaria de mercado.

 

 

 

 

http://ellibero.cl/ideas-libres/mauricio-rojas-por-una-economia-solidaria-de-mercado/?utm_source=Registros+a+través+del+sitio+web&utm_campaign=6d0cff8906-_Selecci_nnacional_Matriz12_3_2014&utm_medium=email&utm_term=0_d6d6d9d265-6d0cff8906-258963461

DESPIDAMOS EL 2014 COMO SE MERECE, CON UN ¡SALUD!.. Ello por los progresos que ha tenido la humanidad

dsc_0033La pobreza, la desnutrición, la mortalidad infantil, el analfabetismo y otros males seculares de la humanidad han seguido retrocediendo, así como lo han hecho durarte los últimos decenios de intensiva globalización.

El crecimiento económico de las regiones más pobres de la tierra –como África Subsahariana o Asia del Sur– fue notable, superando por mucho al de los países desarrollados, tal como lo han venido haciendo desde hace más de una década. Se ha quebrado así, de manera duradera y generalizada, aquella tendencia que antaño concentraba los beneficios del progreso en los países ricos. Así, el peso económico de los países en desarrollo, que no llegaba ni a la mitad del de los países desarrollados en 1991, superó en 2013 –por primera vez en la historia moderna– al de estos últimos. América Latina, por su parte, veía como su ingreso real per cápita volvía a crecer, triplicando los niveles alcanzados hace treinta años. Al mismo tiempo, la pobreza bajaba a niveles récord: alcanzando al 27,9% de la población, mientras que en 1990 aquejaba al 48,4% de los latinoamericanos.

En otras palabras, el mundo está progresando a pasos agigantados gracias a la globalización y la libertad económica. Deseemos por ello que el 2015 supere al 2014, y que los grandes progresos económicos y sociales se traduzcan esta vez en sólidos avances de la democracia y las libertades individuales.

Publicado el 18 de dic. de 2014

http://www.youtube.com/watch?v=kTJs1jrfMoE

DSC07811“El debate sobre la igualdad es el debate fundamental de nuestro tiempo. En él se enfrentan dos perspectivas opuestas acerca del significado mismo de la igualdad que tienen profundas consecuencias respecto del tipo de sociedad al que aspiramos.”

Comparte y sigue leyendo la interesante columna de Mauricio Rojas, Senior Fellow de la FPP en http://www.fppchile.cl/mauricio-rojas…

SVENSKA DAGBLADET/ SVERIGE

ATT DUKA BORDET FÖR SD:s framgång

Mauricio-Rojas-

KOLUMN/ MAURICIO ROJAS

14 december 2014 kl 22:17, uppdaterad: 15 december 2014 kl 08:56

Regeringskriser är, turligt nog, ingen nyhet i Chile. Annars hade jag tvingats förklara för mina bekanta att de svenska politikerna, som jag alltid har beskrivit som förnuftiga och konsensussökande pragmatiker, har blivit tokiga. Ja, tyvärr hittar jag inget annat ord för att rubricera det inträffade. Inget parti, utöver SD, ville eller hade något att vinna på ett extra val, som dessutom kan framstå som en folkomröstning om invandringen. Ändå hamnade denna bastanta majoritet av sju partier i diket och dukade bordet för en ännu större Sverigedemokratisk valframgång.

Det har diskuterats en hel del om ansvaret för nyvalet, men att fortsätta gräla om det, gynnar enbart SD. Det är lika bra att säga: Vi gjorde det tillsammans och nu får vi fixa det tillsammans. Detta är mycket viktigt eftersom väljarna har rätt att kräva att ni i förväg berättar hur Sverige ska regeras efter den 22 mars under ungefär samma eller än besvärligare parlamentariska förutsättningar än de som gällde efter senaste valet. Det förutsätter en stor vilja att samarbeta, ty handlingsalternativen är mycket begränsade. Antingen förbereds en bred regeringskoalition eller så släpps en minoritetsregering fram på basis av en långtgående politisk överenskommelse som ger landet stabilitet. I båda fallen är det S och Alliansen som bör axla ansvaret.

Det bästa vore det första alternativet, eftersom det skulle kunna ge Sverige en regering med förmåga att ta itu med de stora utmaningarna som stundar, inte minst gällande invandrings- och integrationspolitiken. Jag antar att åtminstone S och allianspartierna har förstått att SD:s frammarsch inte kommer att hejdas om man inte kan redovisa en trovärdig politik på dessa områden som kan rätta till de missförhållanden, som med all rätt oroar så många svenskar oavsett födelseort och ursprung.
Det är inte en lätt uppgift efter decennier av misslyckanden, handlingsförlamning, floskler, missriktad välvilja och tafatta försök att dölja eller frisera opassande information gällande allt från missbruket av flyktinglagstiftningen till brottsstatistiken och utanförskapets utbredning. Men det är just allt detta som utgör grunden för SD:s framgångar, inte att hundratusentals svenskar skulle ha blivit fascister eller främlingsfientliga rasister.

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Det är med ett ärligt erkännande av dessa omständigheter som förtroendet för vad ni har att säga och lova på migrations- och integrationsområdet kan börja återställas. Då skulle det finnas en chans att omvandla dagens kris till en möjlighet att bygga upp ett bättre Sverige för alla. Det vore ett utomordentligt sätt att reparera den bottenlösa dumhet som ni nyss begick.

Mauricio Rojas är docent i ekonomisk historia. mauriciojoserojasm@gmail.com
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MAURICIO ROJAS docent i ekonomisk historia
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¿Por qué el idealismo puede ser peligroso?

Mauricio Rojas, el ex mirista que sorprendió con la carta dirigida a Marco Enríquez-Ominami, dio una charla de 20 minutos para “El Líbero”, donde explica cómo, paradójicamente, el idealismo puede llevar a regímenes totalitarios. Cómo puede justificar, e incluso invitar, a la violencia.descarga

PULSO, 10 de diciembre de 2014
La desigualdad que importa combatir es aquella que lacera nuestras posibilidades vitales y que nos ata a la pobreza heredada.

1770953Libertad e igualdad definen tanto el norte como los desafíos fundamentales de la sociedad moderna. Como proyecto social y cultural la modernidad nació desafiando las desigualdades propias de la vieja sociedad estamental, que ligaban la suerte de las personas a la cuna, definiendo así su riqueza, estatus social y los grados de libertad de que disponían. La rebelión moderna tomó dos caminos: el de la revolución, paradigmáticamente representado por Francia y su temible revolución, y el de la emigración, simbolizado por Estados Unidos y sus inmigrantes-colonos.

El camino traumático de Francia y muchos otros países europeos fue hijo de sus grandes desigualdades, aquellas que Alexis de Tocqueville resumiera ya en la primera mitad del siglo XIX diciendo que eran sociedades con demasiados proletarios y muy pocos propietarios. En cambio, la estabilidad social y democrática de Estados Unidos se basaba, a su juicio, en el amplio acceso a la propiedad de sus masas inmigradas que, por lo tanto, no solo gozaban de una amplia libertad e igualdad de oportunidades, sino que tenían mucho que perder en el caso de una conmoción revolucionaria.

Esta sociedad norteamericana de libres e iguales -que cobró una fuerza arrolladora a partir de la Guerra de Secesión y la abolición de la esclavitud en los estados sureños de la Unión- fue la clave de aquel progreso material que elevaría a Estados Unidos al rango de primera potencia económica de la Tierra ya a fines del siglo XIX. En Europa, por su parte, los países o regiones que por entonces mostraron mayor dinamismo fueron aquellos que exhibían los grados más altos de igualdad, particularmente en la distribución de la tierra: los países escandinavos, la Alemania del Rin, el norte de Italia, Cataluña y el País Vasco en España, etcétera. Donde siguieron imperando la gran propiedad agraria y los resabios de la sociedad feudal-estamental, el desarrollo se resintió y se acumularon las tensiones que darían paso a las grandes descargas revolucionarias y totalitarias que remecerían la Europa del siglo XX.

De estos párrafos el lector ya habrá inferido por qué nos fue como nos fue en América Latina. La desigualdad fue, y sigue siendo, nuestra cruz: de riqueza, de oportunidades, de estatus y consideración social, de participación política y cultural, en fin, de acceso real a la libertad. Por eso es que Chile desperdició ese momento estelar de su historia que fue el de la bonanza salitrera, cuando dispusimos de una riqueza extraordinaria que nos puso, en términos per cápita, en paridad o por sobre países como Francia o Suecia, para no hablar de Italia o España con un ingreso per cápita que en 1910 era poco más de la mitad del chileno.

Pero esta riqueza o el hecho de haber registrado entre 1870 y 1910 una de las tasas de crecimiento económico más altas del mundo (solo igualada por Suiza y Canadá en el mundo desarrollado), no nos acercó al desarrollo sino que abrió las puertas de un frustrante siglo XX que terminó llevándonos al abismo de 1973. Y no nos condujo al desarrollo porque el maná que nos cayó del norte salitrero lo hizo sobre una sociedad profundamente desigual, donde sus grandes masas de “peones”, “gañanes”, “jornaleros”, “vagabundos” o, simplemente, “rotos”, siguieron estando presas de la pobreza, la falta de educación, la subordinación, la exclusión y el menosprecio social y racial.

Ello explica que Chile, teniendo en 1910 un ingreso per cápita superior al de Suecia haya tenido tasas de analfabetismo que superaban en más de diez veces las de ese país, o una mortalidad infantil 3,5 veces superior a la sueca y una expectativa media de vida que en 1907 era inferior en 27 años a la de Suecia. Chile fue, en suma, un país rico con demasiada pobreza y desigualdad, y pagó duramente las consecuencias de ello.

Ahora bien, la desigualdad que importa es aquella que lacera nuestras posibilidades vitales y nos ata a la pobreza heredada, aquella que nos encadena a la lotería del nacimiento y no nos permite surgir ya que carecemos de los recursos básicos para hacerlo. La potencia prodigiosa de Estados Unidos no surgió de una igualdad de resultados impuesta por una autoridad política que cercena nuestra libertad para hacernos iguales, sino de una igualdad básica de oportunidades que hace legítimo el éxito bien ganado y permite celebrar al que llega lejos y se enriquece. No fue la igualdad mediocre y aplastante que predica el socialismo la que hizo surgir al coloso del norte, sino la de la libertad real que nos entrega los instrumentos para llegar tan lejos como nuestro esfuerzo y coraje nos lo permitan.

Este es el gran dilema del Chile de hoy: la igualdad es, sin duda, su futuro, pero debe decidir qué igualdad busca. De ello tratarán nuestros grandes debates de futuro y aquellos que le den la espalda a la igualdad estarán condenados a la intrascendencia política.

Por ello concluyo con Tocqueville y las palabras que cierran su célebre obra “Sobre la democracia en América”. Allí, ese genial joven francés que con sorpresa y admiración contemplaba en Estados Unidos el nacimiento del mundo moderno, nos dice que todas las naciones modernas marcharán hacia la igualdad pero, agrega, “depende de ellas que la igualdad las conduzca a la servidumbre o a la libertad, a las luces o a la barbarie, a la prosperidad o a la miseria”.

*El autor es senior fellow de la Fundación para el Progreso (@MauricioRojasmr).

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